Cochabamba, domingo 19 de noviembre de 2017
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DESDE EL CUARTO PROPIO

En nombre de lo “natural”

| | 15 nov 2017

La historia de la humanidad ha registrado eventos vergonzosos, caracterizados por el uso del nombre de Dios y la naturaleza como justificativo, y que daba muestra de la incapacidad de comprender factores socioculturales o las diferencias, lo que se traducía en desigualdad y discriminación.

Así, las diferencias biológicas, culturales, raciales, religiosas y sexuales, entre otras, justificaron un tratamiento desigual, ya que las personas diferentes no fueron concebidas como seres humanos. La colonia y los procesos de evangelización dan cuenta de la intención de llevar “civilización” a las culturas que tenían comportamientos “contra las leyes divinas”. La Inquisición perseguía expresiones religiosas diferentes, asumiéndolas como prácticas satánicas o brujería. El Holocausto persiguió a los judíos por cuestiones religiosas y raciales. La esclavitud y el “apartheid”, basados en la creencia de la superioridad de unos frente a otros, se tradujeron en la negación de la calidad y dignidad humana. La diferencia sexual entre mujeres y hombres explicó la discriminación y la violencia, la asignación de roles y mandatos que se asumen como “naturales” e innatos para ellas y ellos. La orientación sexual diferente a la heteronormativa ha sido históricamente objeto de persecución, criminalización y sanción.

La convivencia entre seres humanos, algunos acuerdos sociales, la monogamia, el matrimonio, la familia y los derechos humanos son convenciones que han sacado a la humanidad del estado de naturaleza y nos ubican en un nuevo momento. El desarrollo de la cultura y el conocimiento da cuenta de la evolución del pensamiento y de la necesidad de adaptarnos a nuevas condiciones y realidades.

La sentencia del Tribunal Constitucional que determina la inconstitucionalidad de la Ley de Igualdad de Género constituye un grave retroceso para quienes trabajamos promoviendo los derechos humanos. No concebimos que se celebre como victoria la negación de derechos a los otros, los diferentes, quienes ya vivían situaciones de criminalización, altos índices de violencia e impunidad, discriminación en el acceso a servicios de salud, justicia y educación; empleo y participación política. Más bien parece antinatural la alegría de sectores antiderechos que asumen la diferencia como antinatural y que, con soberbia, creen que tienen la prerrogativa de negar derechos, sabiendo que el resultado de la sentencia es limitar la condición humana de las personas de identidad de género diferente, restringiéndoles las posibilidades de ser.



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