Cochabamba, domingo 19 de noviembre de 2017
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OJO DE  VIDRIO

Bolivia en la encrucijada

| | 14 nov 2017

Álvaro Cunqueiro, maestro de gastrósofos, Cronista de la Ciudad hasta su muerte y comentarista gastronómico de erudición bendita, solía lamentar cómo los gallegos temen a las encrucijadas de caminos, es decir, ese encuentro de dos caminos perpendiculares, que es sitio de atentados, crímenes, aparecidos, lobos feroces y otras alimañas conjuradas por una cruz. Cunqueiro decía que leer en la prensa una época ubicada en la encrucijada histórica que estuvieran España o Galicia era para él motivo de terrores ancestrales. Como que aquel temor se remonta al siglo V de nuestra era, y desde entonces se le teme como al demonio, salvo el hada buena, Genebra Pereira, que recitaba conjuros contra las encrucijadas.

Los extirpadores de idolatrías se fijaron que en aquellas encrucijadas los viajeros andinos se detenían para intercambiar noticias y enclavaron una cruz en cada apacheta, que le decían, un elemento que ha sido incorporado a la religión andina como respetado aunque no propio. En 1974 viajé de Independencia a Cerro Sapo a pie, y pasé por un sitio de la cordillera desde donde se veía el Illimani, el Tunari a nuestras espaldas, el Illampu, el Huayna Potosí, el Sajama y el Sabaya, y a lo lejos el volcán Misti, próximo a Arequipa. Era una encrucijada ornada con una apacheta, y allí nos detuvimos a la espera de otros viajeros que pronto nos alcanzaron. Compartimos con ellos unas hojas de coca e intercambiamos noticias. Ellos venían del Norte de Potosí y se dirigían a Arequipa a comprar mulas, cosa que nos confirmó el arriero, que era un estudiante del colegio 6 de Junio y viajaba cada vacación a esa localidad peruana a comprar mulas. Todos recibimos las hojas de coca con respeto, compartimos llujta y luego proseguimos el camino sin saber lo que estábamos superando. Porque en la apacheta es lo mismo encrucijada que cambio de paisaje, y para hollarlo hay que pedir permiso, y no hay mejor medio de pedir permiso que un acullico dedicado a la Pachamama. Como muestra, en la apacheta había coca vieja escupida por viajeros anteriores.

Ah, si Álvaro Cunqueiro hubiera conocido la cosmovisión andina no tendría miedo de las encrucijadas, como ocurre hoy en política, pero no voy a rebajarme a escribir sobre ella porque sería muy vulgar.

No entiendo cómo los bolivianos de hoy, en especial los de la clase media tradicional, lo convierten todo en política: el humor, la reflexión, la vida, en suma. Todo es política. Si decimos Bolivia en la encrucijada, seguro que leeremos en clave política. Pero, ¿cuándo nos vamos a cansar de este sesgo? La vida, Horacio, tiene más razones que las que explica tu filosofía.



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