Cochabamba, domingo 19 de noviembre de 2017
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El mensaje repetitivo

| | 12 nov 2017

Encarnación García Dini establece que todo aprendizaje exige un acercamiento metodológico funcional y comunicativo. El mensaje ha cambiado de tal manera que ya no privilegia la combinación de palabras, ni las clasifica por sus características y comportamientos propios de una frase completa, con el único objetivo de formar textos sin conexión alguna con la realidad. En los mensajes actuales, la supresión (u omisión voluntaria) del contexto aporta mayor fuerza a la introducción de un discurso tal que, sin poder llegar a definirse indirecto, adquiere un matiz más enérgico que el discurso tradicional.

Esta situación ocurre con mensajes acompañados de palabras como "régimen", "populismo" o “dictadura”. El primero, instalado a la fuerza para menospreciar a gobiernos progresistas, cuando el significado de la palabra se aplica a todo régimen de gobierno, sea este monárquico, democrático o dictatorial. El segundo, usado de manera peyorativa para resumir a la izquierda global, pero es una concepción reduccionista ya que existe populismo de izquierda y populismo de derecha. Y el tercero, abusado hasta el agotamiento por todos los medios de comunicación posibles, demuestra una total invalidez porque en dictadura real los medios no existen.

El uso repetitivo de palabras es parte de un discurso permanente y bien trabajado, puesto que las expresiones fijas, unidades fraseológicas, refranes, etc., poseen como característica, además de la fijación, ser construcciones precedentes a todo acto elocutivo. Quien las repite no solo las usa en el momento de la activación de su discurso, sino que se sirve de ellas como estructuras lingüísticas que, al haberse generado a lo largo de un proceso histórico, coinciden y se identifican en su quehacer diacrónico con vivencias históricas nacionales o aspectos de un pasado significativo que se posiciona en un momento actual.

Ese discurso sirve tanto para Venezuela como para Argentina, porque el objetivo es el mismo: generar en el imaginario de que los países que optan por gobiernos de izquierda son regímenes atroces en los que todos son infelices, nadie puede expresarse y viven en condiciones desastrosas. Sin embargo, en publicaciones de las redes sociales de quienes manejan este discurso lastimero, se puede apreciar que “infelizmente” acaban de regresar de sus últimas vacaciones en Punta Cana y, mientras cenan en ese restaurante de moda, insultan públicamente a quienes piensan diferente.



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