Cochabamba, domingo 19 de noviembre de 2017
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9 de noviembre

| | 11 nov 2017

Esta es una fecha que no puede pasar desapercibida, aunque no es tan popular. Quiero que la tengas presente en tu agenda por dos motivos. El primero: el 9 de noviembre de 1934 nació Carl Sagan, uno de los hombres que más aportó a la ciencia y la tecnología. Sagan fue un divulgador científico que contagió este espíritu a muchas generaciones. Seguramente, viste la serie “Cosmos”. Ahí tienes un pequeño ejemplo, pues Neil deGrasse Tyson fue unos de sus discípulos. Entre otras cosas, Sagan presentó un proyecto a la NASA llamado Voyager, el cual fue lanzando en 1977. El Voyager es una sonda que lleva dos discos de oro con información sobre el planeta, sonidos de animales, música, saludos en varios idiomas además de fotos que describen la vida en la Tierra. Ninguna referencia religiosa fue incluida, ya que Sagan, más allá de su ateísmo, consideraba que la religión no permitía ver el mundo en su real dimensión. Una de sus frases aplicaba al tiempo actual: “Crecemos en una sociedad basada en la ciencia y la tecnología, y en la que nadie sabe nada de estos temas. Esta mezcla combustible de ignorancia y poder tarde o temprano va a terminar explotando en nuestras caras”. En 2012, el Voyager salió del Sistema Solar y ahora está como una carta dentro de una botella en alta mar. Mi recomendación: junta a tus hijos, a tu familia, a tus estudiantes, y muéstrales la película “Contacto” con Jodie Foster. Una cinta basada en un libro de Sagan que te hará despertar esa parte dormida de tu alma que busca su origen en el espacio.

El segundo: el 9 de noviembre de 1989 cayó el Muro de Berlín, esa pared fortificada que dividía en dos Berlín y Alemania, no solo física, sino, sobre todo, ideológicamente. Cayó gracias al trabajo interconectado de pequeños grupos que buscaban dar cabida a nuevos puntos de vista. Los ladrillos son vendidos hoy como souvenir. 28 años después, el muro sigue en el imaginario global, desde un Trump que quiere erigir uno para separar EEUU de México, o peor aún, desde los espacios locales donde no hay cabida para quienes piensan o aman de manera diferente. El muro es invisible, pero latente. No deberíamos estar celebrando los 100 años de la Revolución rusa, sino otro aniversario de la caída del Muro de Berlín. Eso es lo que necesitamos hoy: derribar nuestros prejuicios, nuestra mirada al pasado, nuestros temores y complejos con el norte y los otros, y descubrir que somos hijos de la misma tierra, viajando en este planeta fascinante hacia el centro de una galaxia brillante.



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