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Bono Juancito Pinto

| | 09 nov 2017

El Bono Juancito Pinto se ha empezado a pagar desde el 23 de octubre pasado. Su presupuesto es de 461 millones de bolivianos, para beneficiar a 2.9 millones de estudiantes del sector público en todo el país.

El Decreto Supremo 28899 que instituye este bono afirma que se trata de un incentivo a la matriculación, permanencia y culminación del año escolar. Las estadísticas nos permiten ver algunos resultados: el INE reporta que en 2006 —año en que se comenzó con este beneficio— la tasa de abandono escolar era del 6.66 por ciento , y en 2016 fue de 3.6 por ciento . Medios de prensa sostienen que la cobertura escolar ha alcanzado el 95 por ciento .

Es indudable que los bonos están sujetos a un debate político, social y económico acerca del paternalismo estatal, las políticas populistas y progresistas, y las relaciones de poder entre los gobiernos y los pueblos. Nuestro afán, más bien, es reflexionar acerca del bono desde el punto de vista educativo.

Los resultados obtenidos en estos 11 años de entrega son un interesante punto de partida para preguntarnos si los niños deciden quedarse en la escuela por el bono o sus motivaciones son distintas. Nuestro país ha desarrollado ya una cultura por la que la asistencia a la escuela es parte natural de la vida. Pero, ¿será que los niños consideran a la escuela como un componente importante de su vida, donde además de aprender a socializar de manera armónica y pacífica, aprenden cosas que les son útiles ahora y les abrirán las puertas del mundo del trabajo mañana?

Muchos adolescentes, después de haber realizado varios años de escuela, soportan estoicamente el paso del tiempo, ya que consideran que esa institución no aporta ni en valores ni en conocimiento a su vida.

En un mundo como el nuestro, en el que la conectividad es indispensable, pensar en escuelas donde se prohíbe el uso de celulares, donde no hay internet, y las clases tienen como tecnología fundamental la tiza y la pizarra, no solo debe ser aburrido para los estudiantes, sino también frustrante.

En un mundo donde la preocupación por el medio ambiente está generando instituciones educativas “verdes” —no simplemente por sus jardines y árboles, sino también por el uso adecuado del agua, de la energía, la disposición de los espacios, el manejo de los residuos—, nuestras escuelas con aulas sucias e incómodas, sin jardines, sin espacios recreacionales seguros, sin baños ni agua, son lugares poco acogedores que no estimulan el retorno.

Una escuela caracterizada por el uso discrecional del poder por parte de los maestros, una escuela donde los casos de bullying están presentes en el día a día no invita a levantarse a la mañana siguiente para acudir con entusiasmo a esa casa del saber.

A pesar de todas estas dificultades, el bono Juancito Pinto está consiguiendo disminuir las tasas de abandono escolar. ¿Cuál será el precio que se está grabando en el cerebro de nuestros niños? ¿Valdrá la pena soportar todas estas deficiencias por 200 bolivianos?



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