Cochabamba, domingo 19 de noviembre de 2017
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El mast’aku llegó al Arlington Arts Center de Estados Unidos

| | 06 nov 2017

Andrés García, un boliviano que vive en Estado Unido, explica la tradicional fiesta de Todos Santos  en Arlington Arts Center. JOEL VERA



El sol y la luna, dos t’antawawas y una escalera en el cielo; en la tierra, llamas, vacas, víboras, sapos y urpus de todo tamaño; en el cotidiano, su comida favorita, bebida, agua, pan y una fotografía; alrededor, cadenas de papel seda con eslabones multicolores que marcan el entorno compuesto por familiares y amigos reunidos para darles la bienvenida a sus seres queridos, a aquellos que partieron en el inevitable viaje final de la vida que es la muerte, en un ambiente fundido entre alegría y nostalgia por el reencuentro. Una vez más, las almas han vuelto para visitarnos.

Los residentes bolivianos en los Estados Unidos recibieron a las almas de sus muertos tendiendo las tradicionales mesas ceremoniales (mast’aku en idioma quechua) para darles la bienvenida en una práctica que es propia del mundo andino, pero que está tan arraigada en la cultura boliviana que sin importar dónde vivan los nacionales siguen manteniendo esa costumbre a manera de conexión con sus antepasados y de puente, para que ellos, sus difuntos, puedan visitarles.

Si bien algunos grupos organizados de residentes tendieron mesas para sus muertos de manera conjunta y algunos lo hicieron de forma individual en sus casas, hubo un mast’aku público que resaltó como una muestra de la cultura boliviana en el norte y para enseñar un elemento de nuestra tradición frente a personas diferentes países, culturas y nacionalidades.

Una mesa ceremonial de Día de Difuntos se tendió en el Arlington Arts Center, en el número 3550 de la popular avenida Wilson Boulevard, en pleno corazón de Arlington, en el estado de Virginia, como parte de una exposición de culturas andinas y latinoamericanas sobre las diferentes celebraciones rituales en memoria de los difuntos, que se practican en países como Bolivia, México y Guatemala, y que están presentes en los Estados Unidos, gracias a la práctica ritual simbólica de los residentes de dichos países.

“Se trata de elementos simbólicos” explica la reconocida impulsora de la práctica de las costumbres y la cultura boliviana en los Estados Unidos, la profesora Julia García quien, junto a su hijo Andrés, fue la encargada de implementar el mast’aku y explicar a los visitantes, en el Arlington Arts Center, sobre las costumbres bolivianas en esta fecha.

García explicó que la mesa ceremonial boliviana se elaboró con elementos simbólicos que representan los tres planos o niveles de la vida misma en los que, según las costumbres andinas, transitamos todos durante nuestra estancia en este mundo y que recorren las almas para llegar desde el más allá hasta sus hogares, con el fin de compartir junto a sus familiares: janajpacha (el universo), kaypacha (el presente, la tierra donde tú vives) y el ukju pacha (donde irás cuando te mueras).

“El mast’aku está compuesto por el janajpacha donde representamos el sol, la luna, el universo, una escalera que es el vínculo entre el universo y lo terreno, el hombre y la mujer representados por las t’antawawas”, según García.

Más abajo está el kaypacha, el mundo en sí representado por serpientes, sapos, los animales con los que ha convivido el difunto como las vaquitas, llamitas; luego está representado también el mundo del difunto, sus comidas y bebidas preferidas, lo que le gustaba.

Y el ujkupacha, que está representado en estos queques rectangulares adornados, que representan los cajones en los que los cuerpos de nuestras almitas están enterrados”, explica García y dice que, según la creencia popular, mientras más adornada está la mesa, más alegres se volverán a ir las almas y que si no reciben atenciones pueden castigar a sus familiares de diferentes maneras.

García: “Une a la familia y a los amigos en reciprocidad”

El mast’aku también es un tiempo y una forma de unir a la familia, a los amigos, vecinos y de practicar la reciprocidad, asegura la impulsora Julia García. “No solo vienen familiares, vienen amigos y vecinos para ayudar a armar las mesas, para recibir a las almas. Es un evento en el que no necesitas ser invitado. Solo tocas la puerta, pasas, rezas, compartes y te llevas regalos”.

De lo que se trata, al exponer el mast’aku públicamente, es de hacerle entender a los estadounidenses que para quienes siguen las tradiciones de la cultura andina, la muerte no es motivo de tristeza, sino de alegría porque es una etapa más de la vida. En el Arlington Arts Center, una niña estadounidense llora frente al mast’aku boliviano recordando a su abuela. Entiende la simbología de sus elementos y tiende un puente. Los demás visitantes rezan o cantan. La mesa se comparte y luego se levanta. Los asistentes se llevan bizcochuelos, panes, dulces y algunas bebidas. Las almas volverán un año.





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