Cochabamba, Bolivia, Domingo 17 de diciembre de 2017
Opinión
PEZ ESPADA

El endiosamiento profesional

Por: JAVIER ESPADA V. | 17/12/2017 | Ed. Imp.
A medida que los hombres evolucionamos, la ciencia y la tecnología apagaron lentamente la llama del mundo de las divinidades. Al sentirnos solos por dejar de creer en dioses vengativos e inmateriales, comenzamos a inventar semidioses, dioses de carne y hueso a quienes creer en las ciencias y en el arte.

Así por ejemplo, Imhotep, considerado el padre de la medicina, la arquitectura y la ingeniería, fue nombrado tesorero del rey del Bajo Egipto, primero después del rey del Alto Egipto, administrador del Gran Palacio, señor hereditario y sumo sacerdote. Antes de él, nadie había tenido su nombre inscrito al lado del de un faraón. Otro fue el griego Pericles, el padre de la abogacía, quien tuvo tanta influencia en la sociedad ateniense que Tucídides, un historiador coetáneo, lo denominó como “el primer ciudadano de Atenas”. Pericles llegó a gobernar Atenas y ese periodo es conocido como el Siglo de Pericles.

La adoración y el respeto hacia los hombres extraordinarios fueron de la mano con su grado de conocimiento y, al volverse esto un diferenciador, el acceso al conocimiento no fue para todos. El modelo económico hegemónico convirtió al conocimiento en mercancía y un privilegio para pocos. Así, la mentalidad popular llegó a considerar que solamente la obtención de un grado profesional es sinónimo de prestigio y éxito: el mejor "patrimonio" que le puede dejar un padre a un hijo.

Sin embargo, en este camino hacia el endiosamiento de los expertos profesionales hemos olvidado algo muy básico: todos los humanos nos equivocamos. A lo largo de la historia, también han existido profesionales ruines que no han recibido un solo día de condena, y es por eso que, como contrapeso, se crean leyes que buscan resguardar el bien común. El bien de muchos a costa del bien de pocos. Una bata o un terno no convierten automáticamente a los humanos en invencibles ni intocables.

En la época actual no basta solo con tener diplomas ni con años de experiencia, tampoco con que los profesionales sean excelentes resolviendo problemas. Hay otros aspectos que también han ido evolucionando, y las exigencias de los clientes, pacientes y usuarios son mayores. El buen trato, la calidad y calidez del servicio, la atención pronta y oportuna, la comunicación pertinente son elementos cada vez más apreciados. Profesional que no entienda que debe ser más responsable con lo que hace o deja de hacer estará muy pronto fuera del mundo laboral, ya sea como consecuencia de una ley o por cuestiones del mercado.


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