Cochabamba, Bolivia, Viernes 15 de diciembre de 2017
Mundo

El Ara San Juan cumple un mes perdido y las familias aún esperan un milagro

El País | 15/12/2017 | 17:39

FOTO: EFE

Hace 30 días que el submarino argentino ARA San Juan no aparece y las expectativas van en baja. Eso se refleja en la calle, donde la discusión perdió terreno frente a temas que se imponen, urgentes, como la postergada discusión sobre la reforma en las pensiones que el jueves terminó con heridos y detenidos. La Armada argentina ya anunció la muerte de los 44 tripulantes y hasta advirtió que el buque puede no ser encontrado jamás. Las ruedas de prensa del portavoz de la Armada, Enrique Balbi, se fueron vaciando de periodistas, y esta semana sólo se brindaron partes por escrito. La esperanza corre por cuenta de los familiares, a la espera del milagro.

“Mi marido está sufriendo lo mismo que mi suegro, cuando él se fue a la guerra”, resume Zulma Vallejos a EL PAÍS. La mamá del tripulante Celso Vallejos, su marido Oscar -excombatiente de Malvinas, y las hermanas del submarinista, Marta y Malvina -bautizada así por las islas- prefieren no hablar de ‘esperanza’, dado que “es una palabra a la que hay que buscarle otro significado, porque te lleva a la angustia y la desolación”. “Yo sigo teniendo la misma fe que el primer día, espero el momento del reencuentro y nadie me va a cambiar esa opinión hasta que me demuestren lo contrario. Por supuesto que también tengo muchos sentimientos encontrados, bronca y angustia, pero eso no hace que deje de amar a mi hijo”, dice la mujer.

“Cuando mi marido se fue a la guerra, lo único que sabíamos era que se iba, pero no cuando volvía y no tuvimos noticias hasta que volvió, y vivo. La mano de Dios y la Virgen estaban con él y ahora son ellos los que nos van a ayudar a seguir adelante. La peor noticia en cuanto a Celso ya la tuvimos, ahora esperamos el milagro”, ansía Zulma.

Los actos que conmemoran el mes de búsqueda se repiten en todo el país, aunque no se espera una masiva concurrencia, luego de una semana en la que la sociedad se manifestó todos los días, tanto al Parlamento como en repudio a la cumbre de la OMC, que terminó el miércoles. Buenos Aires -por ser la capital de Estado-, Mar del Plata -el puerto que todavía espera al submarino- y Punta Alta -desde donde se dirige la búsqueda-, Jujuy, Salta, Mendoza -donde viven muchas de las familias-, son los epicentros de los actos. La Armada, por su parte, canceló una misa que el propio jefe de la fuerza, Marcelo Srur, había analizado junto a un grupo de periodistas antes del comienzo de la cumbre.

A Marcela, esposa del suboficial primero, Hernán Rodríguez, la esperanza ya le causa angustia. “Hernán me dijo que llegaba el 27 y no llega. Llevamos seis años juntos, somos una familia ensamblada de cinco integrantes y pensábamos pasar la fiestas en San Rafael, Mendoza, de dónde somos”, le cuenta a este diario. “Siento dolor, bronca e impotencia, pero no me voy a quedar callada ni voy a bajar los brazos, porque Hernán no quiere una mujer destruida. Yo no lo quiero soltar y lo extraño”, lamenta la esposa del jefe de máquinas del submarino extraviado.

La Armada argentina se reunió con los familiares este 15 de diciembre. Dijo que no hay novedades en cuanto a la búsqueda, mostraron unas imágenes de una sustancia rocosa encontrada en estos días, resolvieron temas relativos a las viviendas que alquilan para los familiares que lo necesitan y ofrecieron un asesor legal. “Es una vergüenza”, califica Marcela, “no tienen repertorio para pararse adelante de nosotros y decirnos la verdad porque nos mintieron desde el primer día”. “Nosotros no necesitamos un asesor legal que dependa de la Armada porque ellos los mandaron a navegar en un submarino que no estaba en condiciones y ellos tienen que seguir buscándolo”, protesta.

Pasados 30 días, y luego de que lo hicieran 28 barcos y nueve aviones, sólo tres buques buscan al submarino, dos de ellos de Estados Unidos. Otras dos naves volvieron al continente a reaprovisionarse y regresarán a alta mar, aunque no por muchos días. La búsqueda sigue a cargo del Comando de Operaciones de Adiestramiento y Alistamiento (COAA) de la Armada, ubicado en la base naval de Puerto Belgrano. Pero si hasta ahora nadie pudo encontrar lo que todos buscaban, será difícil lograrlo si la única sonda al fondo del mar es la fe, o la esperanza, de los familiares de los 44.

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