Cochabamba, Bolivia, Martes 17 de octubre de 2017
Opinión
MIRADAS ANTROPOLÓGICAS

Bandoleros sociales

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Por: MARÍA ESTHER MERCADO H. | 17/10/2017 | Ed. Imp.
El conocido historiador marxista Eric Hobsbawm dio cuenta de que las mismas historias sobre bandidos y justicieros se repetían en el mundo entero. De ahí nació esta fascinante exploración por la vida y el mito de personajes como Robin Hood, Pancho Villa, los Hajduk balcánicos, los Dacoits de la India, o los guerrilleros anarquistas españoles. Su libro “Bandidos” (1969) se convierte en un clásico de la historia social, en el que, el fenómeno del bandidaje, se adecúa a un tiempo como el nuestro, tiempo en el cual, los estados son incapaces de mantener el orden.

Hobsbawm rompe con la clásica historiografía, que considera delincuente, a todo participante en luchas armadas contra el poder establecido, situando en primer plano, a movimientos sociales, que los prejuicios ideológicos habían relegado al anonimato de los archivos policiacos o a páginas sensacionalistas de los periódicos. La crítica de Hobsbawm de que bandoleros y justicieros debieran preocupar al historiador, es acertada.

El autor conceptualiza el bandolerismo social como una de las formas más arcaicas de protesta social organizada y sitúa este fenómeno, cuando el oprimido no ha alcanzado conciencia política, ni adquirido métodos más eficaces de agitación social. Esta forma de protesta social surge especialmente, durante periodos de tensión.

El bandolerismo social se presenta como una forma política de resistir a los ricos, a los opresores extranjeros, a las fuerzas que destruyen el orden tradicional en condiciones sorprendentemente violentas, provocando cambios notables en un tiempo relativamente corto. Representa un rechazo individual a nuevas fuerzas sociales que imponen un poder, cuya autoridad no es del todo reconocida por la comunidad, la que ayuda y protege al bandolero. La existencia de esta cooperación por parte de una población oprimida es fundamental para diferenciarlo del simple delincuente. Y es que al enfrentarse contra los opresores, el pueblo oprimido ve expresado su anhelo íntimo de rebeldía. Por ello, toma el papel de defensor del pueblo.

Estos exponentes de la rebeldía popular, son personas que generalmente se rehúsan a jugar el papel sumiso que la sociedad impone, los orgullosos, los rebeldes individuales, los que al enfrentarse a una injusticia o a una forma de persecución, rechazan ser sometidos dócilmente. Sin embargo, como toda rebelión individual, tiene sus límites, pues es una protesta recatada y nada revolucionaria, que protesta, contra los excesos de la opresión y la pobreza, no contra su existencia misma.

El bandolero social no plantea con sus acciones la trasformación del mundo, no es un revolucionario, sino que intenta, en el mejor de los casos, poner fin a la violencia de los dominadores. Su papel no es acabar con el sistema que da origen a la opresión y explotación contra las que se enfrenta, sino más bien hacer que queden limitadas dentro de los valores tradicionales que la población considera justos.

Por lo tanto, por su acción e ideología, el bandolero social es un reformista: actúa dentro del marco institucional impuesto por un sistema, cuya existencia no es puesta en tela de juicio. Por ello, afirma Hobsbawm, para convertirse en defensor eficaz del pueblo, los bandoleros, tendrían que dejar de serlo.


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