Cochabamba, Bolivia, Jueves 5 de octubre de 2017
Editorial

Almagro y “El Zorro”

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05/10/2017 | Ed. Imp.
Por si usted, amable lector, no hubiera, comprensiblemente, seguido este espacio editorial en días y semanas precedentes, vamos a reiterar nuestra postura sobre la ambición oficialista de forzar una repostulación, para lo que acudió al Tribunal Constitucional: nos parece una maniobra legal que desconoce una votación que, aunque por estrecho margen, fue mayoritaria en sentido opuesto. Que un estrado judicial pase por alto el sufragio es un hecho negativo. De cualquier manera, y siempre que las leyes lo permitiesen —habría que no solo analizar el tema, sino, ahora sí, hacer una consulta a las instancias pertinentes—, lo único que puede cambiar una voluntad en urnas es la expresión de otra.

Por otro lado, subrayamos que —ni siquiera en procesos legales, al menos en Bolivia— una fotografía es prueba contundente de algo. Son, por ejemplo, varias las personas con sentencias ejecutoriadas que le pidieron una fotografía al Presidente, y luego la difusión de tales imágenes solamente perjudicaron la figura del Mandatario, que negó mayor nexo a más del momentáneo “selfie” que en diversas actividades del Estado se repiten por decenas o centenas.

Sin embargo, ayer los medios de comunicación y las redes sociales hicieron circular una imagen de dos personajes que no son anónimos ni en el panorama nacional ni en el internacional y que se conocen el uno al otro. Se trata del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, y un boliviano que tiene el dudoso honor de pervivir en nuestra memoria colectiva: Carlos Sánchez Berzaín, al que el pueblo se le dio por apodarle “El Zorro” o cosas peores.

La imagen, informó el diario El Deber, fue difundida por el mismo exministro prófugo de Bolivia en su cuenta de Twitter. "Participamos en ´Latin American Summit´ defendiendo los Ds.Hs. [derechos humanos] y la democracia: Armando Valladares, Luis Almagro y Carlos Sánchez Berzaín" (sic), detalla el texto que acompañó el mensaje. Por si alguna falta hiciera, recordemos, pues, que el excolaborador de Gonzalo Sánchez de Lozada huyó de Bolivia a Estados Unidos tras la crisis de Octubre Negro de 2003, en la que, producto de la represión del Gobierno liderado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), murieron más de 60 personas, lo que, con plena certeza, no desconoce Almagro.

Tal es entonces el tipo de personajes con las que se viene reuniendo el Secretario General de la OEA, a vista y paciencia de los países miembros e incluso de las familias de las víctimas de Octubre Negro en Bolivia. Así las cosas, no nos extraña un ápice que el funcionario internacional haya descartado por completo su rol de mediador de conflictos, para convertirse en otro factor de polarización. Lo peor del caso es que lo viene haciendo además de un modo muy grosero, al mejor estilo de Donald Trump, disparando lo que se le ocurre mediante su cuenta de Twitter. No espera reuniones, no conoce bien a las partes, no intenta acercamientos. Su pobre función se reduce al (mal)uso de su teléfono celular para crispar a los bandos.

Este accionar fue constante en la crisis venezolana, en la que Almagro tomó abiertamente partido por uno de los sectores, llegando a extremos inconcebibles de su cargo al intercambiar insultos con el Presidente del país caribeño.

Por ello es que, aunque parcialmente y no acerca del tema de fondo, compartimos la molestia de la diplomacia boliviana que, en esta oportunidad representada por nuestros legisladores, ayer tuvo que acudir a la OEA para denunciar el "intervencionismo" de Almagro ante los embajadores de los estados miembros en el Consejo Permanente de la organización. Por el bien de esta, si no desea la división institucional, el uruguayo debería considerar seriamente el fracaso de su gestión.


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