Cochabamba, Bolivia, Miércoles 4 de octubre de 2017
Editorial

Armados hasta los dientes

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04/10/2017 | Ed. Imp.
Estados Unidos no es solamente el país con mayor armamento bélico del mundo y el mayor vendedor de armas a otras naciones. Es también uno de los estados con el mayor número de armas entre sus ciudadanos. No hay una cifra exacta de cuántas armas de fuego hay en manos de civiles, informa un reportaje del diario El País, pero se estima que son unas nueve por cada diez ciudadanos. El Servicio de Investigación del Congreso calculó, en un estudio de 2012, que tres años antes había unos 310 millones de armas. La población estadounidense es de 321 millones de habitantes.

Así las cosas, a nadie le sorprende que, marcadas con rojo las muertes a causa del mal uso de esos mortíferos artefactos, el mapa del país más poderoso del orbe se tiña del color de la sangre. Y así ha acaecido una vez más este pasado lunes, cuando Stephen Paddock, un hombre blanco de 64 años, disparó desde su habitación del hotel Mandalay Bay de Las Vegas contra una multitud de más de 22.000 personas que asistían a un concierto al aire libre del festival country Route 91 Harvest. El hecho dejó el pavoroso saldo de casi 60 muertos y más de 500 heridos.

Cuesta entonces creer el absoluto desprecio por la vida de las autoridades estadounidenses, ahora más que nunca a la cabeza de su presidente, el republicano Donald Trump. Y es que, si bien sobre el caso el Mandatario dijo que el tiroteo fue obra de "un hombre demente", evitó de nuevo hablar del control de las armas. En declaraciones a periodistas antes de viajar a Puerto Rico, el Presidente describió al atacante como "un hombre enfermo", "con un montón de problemas, me imagino", sin mencionar que se encontraron 23 armas de fuego en la habitación del hotel desde donde disparó contra los asistentes al concierto. "Se trata de un individuo muy enfermo", zanjó Trump y reflejó EFE, evitando condenar o simplemente referirse a la violencia por armas de fuego, en la misma línea de sus declaraciones del lunes desde la Casa Blanca, donde se limitó a reprobar el suceso como "un acto de pura maldad" sin mencionar en ningún momento la palabra "arma".

En una rueda de prensa poco después de esa comparecencia, la portavoz presidencial, Sarah Sanders, dijo que es "prematuro" hablar de legislación para un mayor control de armas y opinó que ese debate puede tenerse más adelante, aunque Trump, recordó, es "un férreo defensor" del derecho a portar armas. Desde la campaña electoral de 2016, Trump se ha alineado con la postura de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), contraria a un mayor control.

Se trata de una postura inaudita que no hace más que promover el terrible flagelo de la violencia en el país del norte. Y es que lo ocurrido en Las Vegas no es ni de lejos un fenómeno aislado. Para seguir con los datos de El País, se calcula que cada año en EEUU mueren 33.880 personas por disparos de armas de fuego, lo que equivale a un promedio de 93 fallecidos al día, según datos de la Campaña Brady. Cada día, otras 222 personas sobreviven tras recibir disparos. En lo que va de año, ha habido 46.595 incidentes armados en el país, en los que han muerto 11.652 personas, según los últimos datos de la organización Archive Gun Violence, que hace un seguimiento pormenorizado de todos los tiroteos.

En su documental “Bowling for Columbine” (2002), sobre el asesinato de 13 personas en una escuela estadounidense ocurrido en 1999, el destacado cineasta Michael Moore ya había advertido sobre el luctuoso panorama futuro. Y, a excepción de algunas iniciativas sin mucho entusiasmo de los demócratas, nadie hizo nada al respecto, con lo que comprar un arma en EEUU es hoy casi tan fácil como adquirir licor. No se extrañen entonces los ciudadanos de ese país de que tengan que seguir llorando a muchos más muertos.


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