Cochabamba, Bolivia, Lunes 2 de octubre de 2017
Editorial

Cuando octubre fue negro

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02/10/2017 | Ed. Imp.
Parafraseando a Mario Vargas Llosa, uno podría preguntarse ¿cuándo se jodió Bolivia? Tal vez cuando en 1825 se fundó una república sin la mayoría de sus habitantes. O tal vez cuando sus vecinos le cercenaron territorio en cruentas guerras. O cuando una y otra vez se decidió la explotación de sus recursos para el beneficio de unos pocos.

Octubre de 2003 comenzaba y OPINIÓN daba a conocer los sucesos. “Maestros suspenden clases en apoyo a la huelga de la COB”, titulamos con los siguientes apuntes: “Profesores de Cochabamba imitaron a los de La Paz decretando la huelga indefinida. Además, partió un grupo local hacia Warisata para continuar la Guerra del Gas”, “Si no se revisa la Ley de Hidrocarburos y la exportación del gas, Gonzalo Sánchez de Lozada debe renunciar’, fue la consigna que centenares de marchistas”.

Días antes, un ya débil Gobierno de varios partidos (MNR, MIR, NFR) hizo saber que tenía la intención de exportar gas a Chile, sin que antes se discuta una nueva Ley de Hidrocarburos ni el diferendo marítimo con ese país. Las protestas surgieron de inmediato, al igual que la respuesta violenta del Ejecutivo. La represión dejó a lo largo de casi tres semanas 64 muertos y 228 heridos, la mayoría de las víctimas en El Alto.

A mediados mes, el entonces vicepresidente Carlos Mesa le advirtió al Primer Mandatario —como recuerda en su libro “Presidencia sitiada”—: “Los muertos te van a enterrar”. La respuesta fue: “Hay tres cosas que no voy a hacer: renunciar, llamar a referendo y convocar a una Asamblea Constituyente”. Tres cosas que luego conquistó todo un pueblo movilizado.

Desde el inicio del conflicto, OPINIÓN publicó extensos suplementos de análisis de los hechos. Así, en la separata de 32 páginas de inicios de mes “El gas: avance o frustración”, elaborado por Remo Di Natale, el abogado e historiador concluyó: “El pueblo boliviano y no la oligarquía chilena tiene que vencer la guerra del gas. Así lo exige imperativamente el porvenir del país en el concierto de los pueblos latinoamericanos”. Y el escritor y columnista Ramón Rocha Monroy manifestó: “Nos hemos acostumbrado a negociar las riquezas naturales con ‘las manos atados y las piernas abiertas’. ¿Cómo es posible que no condicionemos a Chile recuperar nuestra cualidad marítima con soberanía, si los vamos a hacer partícipes del negocio del siglo?”.

Las voces de los dirigentes sociales adelantaron lo que venía. En el especial de OPINIÓN del 9 de octubre, el exguerrillero y líder campesino Felipe Quispe dijo: “Es la madre de todas las batallas entre los indígenas y el Gobierno de los kharas. Si no hay diálogo, vamos a retirarnos a nuestras comunidades a organizar el Gobierno de los indígenas”. Y el líder cocalero Evo Morales sostuvo: “Los indios vamos a ser poder político. El imperio y Goni no lo aceptan, pero los indios queremos gobernarnos”.

El Gobierno no solo no escuchó las críticas, sino que las trató de minimizar, censura de prensa mediante. El ministro de Defensa, Carlos Sánchez Berzaín —acusado de ser uno de los principales autores de la represión—, llamó varias veces al matutino, solicitando no se exagere la convulsión social, lo que era lo mismo que no prestar relevancia a las víctimas. Como no podía ser de otro modo, determinamos continuar ser fieles a la verdad, pese a las presiones. La decisión se reflejó no solo en extensas coberturas, sino en titulares de apertura, varios a seis columnas, como los siguientes: “Dos muertos y más de 30 heridos en El Alto”, “Crisis y luto”, “Masacre en El Alto”, “Las organizaciones que protestan piden la renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada” y “Goni dice que no renunciará pese a trágica convulsión”.

Así se llegó al 16 de octubre, cuando el titular fue “Goni promete Referéndum sobre el gas y Constituyente”. Pero ya era tarde, los muertos tenían muy avanzado el entierro de un régimen y un sistema político. Por ello, el 17 de octubre el titular fue insistente: “Enorme multitud pide renuncia de Goni”, y el del 18, casi laudatorio: “Mesa será Gobierno de transición para reformas profundas”. El adelanto resumió la situación: “Diversos actos en escenarios distintos, pero al mismo tiempo, en el desenlace del conflicto: en el Congreso, en La Paz, Carlos Mesa Gisbert juraba como Presidente Constitucional de Bolivia; en Santa Cruz, Gonzalo Sánchez de Lozada partía deprisa en un vuelo comercial hacia Miami, Estados Unidos, y en las plazas, se veían llegar miles de personas que celebraban la renuncia”.

Aunque le faltaba todavía mucho para aprender a caminar, había nacido un nuevo país.


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