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Opinión
ÔĽŅDesde Afuera

ÔĽŅLos malos del uniforme

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Por: ÔĽŅLeonardo Ricciardino | 13/09/2017 | Ed. Imp.
ÔĽŅEl giro de las causas que involucran a casi medio centenar de polic√≠as santafesinos da cuenta no solo de la corrupci√≥n enquistada en la fuerza sino tambi√©n de la crueldad y el cinismo con el que ese sector -al que el gobernador Miguel Lifschitz defini√≥ como la excepci√≥n y no la regla- se dedica a resolver y encubrir sus m√°s severas atrocidades. El mal de muchos, dicen, es el consuelo de los tontos pero es claro que ni la provincia de Santa Fe, ni el gobierno nacional han logrado resolver satisfactoriamente el problema de las fuerzas de seguridad adecuadas al estado de derecho y totalmente subordinadas al poder pol√≠tico y judicial.

El juez federal Carlos Vera Barros llam√≥ a indagatoria a 21 de los casi 30 polic√≠as involucrados en la desaparici√≥n forzada seguida de muerte del joven Franco Casco. Lo que el fiscal de la causa presume es que a Casco lo golpearon hasta la muerte y luego arrojaron su cuerpo al r√≠o Paran√°, hace m√°s de dos a√Īos.

El joven oriundo de Florencia Varela en la provincia de Buenos Aires estaba de visita en Rosario en casa de unos parientes en Empalme Graneros. Nadie sabe bien por qu√© apareci√≥ detenido en la seccional 7. Lo que s√≠ se conoce ahora es que de all√≠ sali√≥ muerto para aparecer 22 d√≠as despu√©s flotando en el r√≠o. Como en el caso de Santiago Maldonado, la primera reacci√≥n del gobierno de Antonio Bonfatti en aquel momento fue la de creerle m√°s a la Polic√≠a que los familiares de la v√≠ctima. Cuando la cuesti√≥n se hizo muy evidente, cesaron las operaciones que indicaban que a Casco lo hab√≠an visto caminando, merodeando una iglesia evang√©lica y otros despistes por el estilo. El Defensor P√ļblico de la provincia de aquel entonces forcej√≥ para llevar el caso a la justicia federal como desaparici√≥n forzada de personas. Gabriel Gan√≥n fue llamado loco, conspirador, mentiroso y muchas cosas m√°s hasta que termin√≥ eyectado de su cargo. M√°s all√° de las diferencias que se puedan tener con el estilo del exfuncionario, lo cierto es que en este caso y en otros puj√≥ contra un s√≥lido entramado policial, judicial y pol√≠tico que apostaba m√°s a la oscuridad que a la b√ļsqueda de la verdad.

Hoy se conocen detalles (y se van a conocer muchos m√°s) de la crueldad con que los polic√≠as de la comisar√≠a 7 trataron a este joven de condici√≥n muy humilde, como su madre que falleci√≥ antes de ver la justicia que clamaba para su hijo. Su padre a√ļn vive en Rosario y est√° desempleado.

No es un detalle menor que se llegue a condenas efectivas en estos casos. No solo para los familiares de las víctimas que las piden porque las necesitan para seguir con sus vidas; sino también para la sociedad. Una ciudad, una provincia, un país no se miden tanto por las cosas graves que puedan pasar sino de la manera que las resuelve. Sociedades del primer mundo enfrentan corrupción, asesinatos, atentados. La diferencia está en que en países centrales estos asuntos se resuelven de inmediato. Los responsables terminan en la cárcel o muertos casi de inmediato. Casi no quedan crímenes impunes o sin saber lo que realmente pasó.

En ese marco, el gobierno de Lifschitz tiene para destacar que ese casi medio centenar de policías imputados de crímenes horrendos, están a disposición de la justicia y que desde el Ejecutivo actual se dejó actuar en libertad a la justicia. Pero por el otro lado, debe comenzar a hacerse significativas preguntas respecto del rumbo de la fuerza policial (...)

ÔĽŅTomado de P√°gina12

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