Cochabamba, Bolivia, Domingo 13 de agosto de 2017
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INNOVACIÓN Y FINANZAS

Sueños creativos

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Por: JORGE VELASCO T. | 13/08/2017 | Ed. Imp.
Imagine un mundo donde solo tiene que trabajar dos horas al día y que, para construir su casa, necesita solo ocho días. Imagine un mundo donde no hay guerras, y no existen las Fuerzas Armadas ni policías; donde no hay enfermedades mentales, no existen el stress ni la psicosis ni la neurosis. Las personas son muy sanas y comen lo natural, no comen animales, son vegetarianas. No se advierte ni deseo de posesión ni voluntad de dominación. La cooperación sustituye a la competencia. Son personas que se jactan de integridad en su personalidad y una excepcional madurez emocional. ¿Será que es posible alcanzar este nivel de humanidad o que exista algún lugar en el mundo donde pueda existir este tipo de sociedades?

Quedé sorprendido al saber que en las montañas de Malasia habita una tribu que reúne todas estas características; un mundo que todos nosotros de Occidente tratamos de alcanzar algún día. Es la tribu de los Senoi, donde no existe la delincuencia ni las enfermedades mentales, y donde reina la paz. El lugar es también conocido como “El pueblo del ensueño”. Fue Herbert Noone, antropólogo británico, quien encontró este pueblo en los años 30.

Este pueblo puede llegar a estos niveles de paz y felicidad porque los “Senoi manejan un profundo conocimiento de los sueños, a los cuales atribuyen valores decisivos. Los sueños son los que dictan el momento y el modo de llevar a cabo cada acontecimiento importante de la vida, por eso su interpretación constituye la principal ocupación de la tribu”.

En el mundo de los Senoi, los sueños son lo que dictan lo que uno debe hacer al día siguiente. Es una sociedad basada en la educación de los sueños. Ello comienza desde que despiertan: por la mañana, durante el desayuno, cada miembro de la familia cuenta sus sueños. Se discute sobre ellos y los mayores explican a los jóvenes cómo deben actuar en sus sueños. Luego, los sueños personales y familiares se llevan a una asamblea del pueblo, donde los chamanes explican los símbolos y sus significados. Es así como los conjuntos de los sueños de la noche terminan de influenciar las actividades que se emprenden en el día. En definitiva, la educación de los sueños consiste en llegar a dominar y a dirigir los propios sueños, lo que implica que el inconsciente aflore hacia la conciencia y, de este modo, vivir en forma despierta, lo que en concreto desemboca en una cultura pacífica, espiritual y creativa. Creativa porque los Senoi, a través de sus sueños, se convierten en extraordinarios artistas haciendo decoraciones con objetos de bambú y roten, además de crear cada día nuevos cantos, músicas y danzas.

Si de ahora en adelante el lector quisiera imitar las costumbres de este pueblo y convertirse en una persona más creativa, tendría que seguir algunos principios para educar sus sueños. Primero, debe aprender a enfrentar los peligros y superarlos, esto quiere decir nunca aceptar el papel de víctima; llegar hasta el fondo de lo placentero. Es decir, si se sueña volando, debe aprovechar para explorar lo que desea encontrar y no solo dejarse llevar; convertir todo lo negativo en positivo; reparar durante el día los daños y las ofensas ocurridas durante el sueño, y, finalmente, encontrar consejeros y guías para interpretar los sueños.

“¿Que es la vida? Un frenesí. ¿Que es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son” (Pedro Calderón de la Barca).


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