Cochabamba, Bolivia, Domingo 6 de agosto de 2017
Editorial

Bolivia y sus retos

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06/08/2017 | Ed. Imp.
Cumplir como país 192 años y acercarnos a nuestro bicentenario puede parecer, dependiendo de la perspectiva, mucho o poco. Es un tiempo considerable si se tiene en cuenta que, en menos años, otras naciones han alcanzado un mayor grado de madurez en muchos ámbitos. Pero resulta poco si se tienen en cuenta las condiciones en las que nacimos como patria, en una pobreza material de la que solo unos pocos se salvaron, a costa de la explotación y exclusión de las mayorías.

No por nada, nuestra actual Constitución, en su preámbulo, data nuestro origen en otra era y se queja de lo anterior. “En tiempos inmemoriales se erigieron montañas, se desplazaron ríos, se formaron lagos. Nuestra amazonía, nuestro chaco, nuestro altiplano y nuestros llanos y valles se cubrieron de verdores y flores. Poblamos esta sagrada Madre Tierra con rostros diferentes, y comprendimos desde entonces la pluralidad vigente de todas las cosas y nuestra diversidad como seres y culturas. Así conformamos nuestros pueblos, y jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la colonia”.

Y no por nada también el Gobierno, ya en el poder durante más de una década, se abocó a la inclusión. Lo hizo a partir de medidas económicas más o menos acertadas, como la recuperación de los recursos naturales y la bolivianización monetaria. También mediante obras de infraestructura de todo tipo y otras que apuntan a la industrialización. Asimismo, se profundizaron acciones de redistribución de la riqueza, lo que, sin duda, generó cierta estabilidad y mejora de la calidad de vida. Son, sin embargo, demasiadas las tareas pendientes y lo que debe corregirse. Nuestros retos siguen siendo muchos, importantes y urgentes.

Vamos a comenzar por señalar precisamente el que siempre queda relegado, el de la cultura. Un proceso que se dice “revolución democrática y cultural” no ha atinado a tener una política cultural. Con alguna excepción, sucesivas autoridades neófitas en las instancias correspondientes no han establecido planes de largo plazo para potenciar lo que tal vez nos hace más bolivianos: nuestras artes y expresiones populares. Muy descuidado está nuestro “ajayu” de nación, que ahora más que nunca debería ser acrecentado mediante el incentivo a todos los creadores.

Hablando de esa mística inexistente, atrás ha quedado de igual modo el discurso del Vivir Bien como opuesto al estilo de vida del capitalismo salvaje que, pese a los paliativos, sigue imperando. De la mano del progreso económico, deberían, pues, venir las ideas rectoras de un nuevo modo de vida que privilegie la solidaridad frente al individualismo, el ser colectivo frente al egoísmo, la aspiración de tener solo lo suficiente para vivir dignamente y compartir el resto con los otros.

Y, en el ámbito justamente económico, si bien el Estado ha demostrado que puede ser el administrador de iniciativas que reditúen y los líderes políticos no han dudado en encarcelar a muchos corruptos, así fueren cercanos al poder, nos falta un larguísimo camino en cuanto a transparencia. Sucede que, por donde se investigue, saltará el mal endémico de los malos y hasta delincuenciales manejos de la cosa pública, lo que pone en cuestión todos los días el mismo modelo de desarrollo adoptado.

Para ello juega un rol preponderante nuestra pésima administración de justicia, sin que los gobernantes den hasta ahora en el blanco de verdaderas iniciativas transformadoras. Lamentablemente, parece ser que en este punto nos encaminamos de nuevo al desastre, sin que, a pesar de estar a tiempo, nadie tome la iniciativa.

Queda también pendiente un tema de real urgencia, el de la mejora del sistema público de salud, del que a diario son víctimas miles de compatriotas de escasos recursos. Acá el desafío es enorme tanto en infraestructura y equipamiento, como en la misma atención a los pacientes. Sin embargo, los avances son desesperantemente lentos.

No lo son tanto en cuanto a educación, porque algo se hizo para la mejora y construcción de escuelas y colegios, y la dotación de equipos, pero este ámbito no parece tener un rumbo definido, una política certera que nos permita no solo ser más productivos e innovadores, sino también profundizar los mejores valores de la bolivianidad.


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