Cochabamba, Bolivia, Lunes 31 de julio de 2017
Editorial

A 14 años de la llegada del cine digital

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31/07/2017 | Ed. Imp.
De la mano de un joven director cruceño de 25 años, en agosto del 2003 Bolivia ingresó a la era del cine digital, con una notable producción además, “Dependencia sexual”, rodada íntegramente en ese formato y contando historias de relaciones y vínculos juveniles. La ópera prima de Rodrigo Bellott llegó a estrenarse en su país de origen tras haber ganado el Premio Fipresci de la crítica internacional, en el Festival de Locarno (Suiza), al competir con otras 20 producciones del mundo.

OPINIÓN, casa periodística de una dedicación especial para el arte y la cultura, publicó varias reseñas del filme, así como entrevistas a su creador y actores. En la primera de ellas, Bellott señaló el 22 de agosto del 2003: “Casi nadie de las cinco mil personas que han visto ‘Dependencia sexual’ en Locarno había visto una película boliviana. Entonces estamos proyectándonos como bolivianos al mundo entero. La gente habla de lo que hacemos y del tipo de lenguaje. La película es urbana, por tanto muestra una cara muy distinta a la que se conoce de Bolivia en el exterior. Luego está el discurso sociopolítico cultural que se discute en la película. Y tercero es el tema del nuevo lenguaje, el uso de las dos pantallas”.

Años después, en 2011, el libro “Una cuestión de fe. Historia (y) crítica del cine boliviano de los últimos 30 años (1980-2010)”, de los periodistas Andrés Laguna y Santiago Espinoza, reconoció la importancia de la cinta: “Aunque suene a cliché, para el cine boliviano hay un antes y un después de la ópera prima de Rodrigo Bellott. Tal vez su mayor mérito reside en que fue la primera película que logró asimilar el lenguaje del cine digital”.

En 2014, en el libro “Cine boliviano. Historia Directores Películas”, los mismos investigadores señalaron: “El nuevo milenio inauguró una nueva etapa. Con ‘Dependencia sexual’, el cine digital se convertiría en el soporte dominante e incuestionable. Lo interesante está en que una nueva generación de realizadores entendió que no era un sucedáneo barato del celuloide, sino que tenía posibilidades y limitaciones propias que exigían el desarrollo de otro tipo de lenguaje. Lo que también es cierto es que este periodo de tiempo ha estado marcado por la gran característica de la contemporaneidad: la proliferación de la producción. Cada vez se hacen más películas, pero el control de calidad se ha relajado proporcionalmente. Las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías han permitido que proyectos poco reflexionados y trabajados vean la luz. Siguiendo la dinámica del mundo, se hace mucho, pero se dice poco. Lo que nos consuela es que realizadores como Rodrigo Bellott, Martín Boulocq, Germán Monje, Tomás Bascopé, Carlos Piñeiro, Diego Mondaca y Kiro Russo, entre algunos otros, están oxigenando de manera importante el cine boliviano, desde diferentes territorios”.

Comprendiendo que el cine, la literatura, la música y todas las manifestaciones artísticas forjan el imaginario colectivo del país, OPINIÓN se caracterizó desde sus inicios por su promoción del periodismo cultural. Así por ejemplo lo probó el libro “Medios a la vista”, del Observatorio Nacional de Medios (Onadem) de la Fundación UNIR, que en 2010 valoró el quehacer del matutino como el que más espacio le daba a la cultura (al menos dos páginas al día) en Bolivia.

Cinco años antes, el diario creó su propio suplemento cultural de ocho páginas, Ramona, cuya primera portada dominical, una composición de homenaje al por entonces recientemente fallecido escritor paraguayo Augusto Roa Bastos y a la película “Full Metal Jacket” de Stanley Kubrick, era toda una declaración de principios. Durante ya más de 12 años, por el espacio han pasado los más destacados artistas, escritores e intelectuales del país, a través de entrevistas, reportajes o notas firmadas sobre los más diversos temas culturales.


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