Cochabamba, Bolivia, Lunes 17 de julio de 2017
Deportes

Mario, el “no al fútbol”, la casa rodante y el nombre de sus padres en la piel

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Por: ROMINA SAAVEDRA Q. romi_cid@hotmail.com | 17/07/2017 | Ed. Imp.

MARIO MERCADO EXPONE UN POCO DE SU VIRTUOSISMO CON LA RAQUETA, EN EL POLIFUNCIONAL DE SARCO.


Mario Mercado Valenzuela, el octavo mejor jugador del mundo en el ráquet, estaba predestinado a alcanzar la “nobleza” entre las cuerdas y el mango; y no en el fútbol.

Ni el más tierno de los anhelos de su padre Osvaldo (que el hijo varón, el mimado, fuera como Maradona) pudo con lo que ya estaba escrito, lo que nadie cambiaría. Y si en su adolescencia, el chico daba muestra sobrada de poder encarar un enamoramiento intenso con la pelota de cuero, también las luces se iluminaban cuando apretaba una raqueta. Ahí sí, parecía que cualquier espacio se llenaba de colores con su fusión y función de arte.

Podía haber sido un gran futbolista, pero no cabe aquí especular en torno a ello. El dato viene bien para entender su elección, la primera y más importante de su vida, aquella que tomó cuando tenía solo 13 años y pronunció un “no” tan lleno de convicción como lo es su amor por su madre Gloria.

Era un “10” con todas las letras, por eso se había ganado la titularidad en su equipo, pero un día, uno de esos que parece definir el futuro, el entrenador no lo puso en la cancha y eso lo “mató”.

“Después me enteré que una mamá ofreció 100 balones si lo metían a su hijo en mi lugar. Toda la caminata me la pasé llorando con mi papá al lado. Sé que perdieron. No me alegré. Luego corrió el entrenador y me dijo que no me fuera, que me iba a meter ¡Dije no, gracias!”.

Mario, ahora con 22 años, recuerda aquel instante como una anécdota crucial que lo arrimó hacia lo que más lo apasiona. Se fijó ser un auténtico profesional del ráquet y lo consiguió. En 2014 tocó el cielo: fue campeón mundial. Ese mismo año también decidió aceptar la propuesta de Colombia y representar a ese país.

Vive en Florida, Estados Unidos, y en Cali. Tiene dos códigos postales, aunque pasa mucho más tiempo en territorio norteamericano, pues allá compite en el tour.

Se permitió un pequeño descanso para desconectarse de la rutina abrumadora (antes de ingresar en la temporada, que comenzará en septiembre) y regresó a su casa para volver a palpar la calle Melchor Pérez, donde se asienta su hogar, ese punto especial que dio inicio a su historia y en el que también lo esperan Osvaldo y Gloria.



-Tu padre es tu fan número uno...

-Me apoya mucho. Me hice dos tatuajes. Mi mamá está acá y mi papá, aquí (muestra los antebrazos). Por él me hice la pelota de fútbol, pues soñaba que fuera jugador. Por ella, dos raquetas”.



Mario se propuso escalar posiciones e ir “rompiéndolas” una a una para entrar al Top 5 del mundo. No está lejos del foco. Con la octava casilla en la mano, el cochabambino apunta también hacia el canadiense Kane Waselenchuk, el “rey” de la clasificación. “Él es mi objetivo. Ya le gané al número 3, al 4 y al 5, pero no a Kane”.

El nombre del canadiense suena en su cabeza, tanto como la experiencia de haber tenido que vivir más de un año en una casa rodante junto a deportistas de México y otros países, con quienes compartió lugar, torneos, pan y techo ambulante en Estados Unidos.

Fue la primera vez que experimentó esa vivencia. Pese a que lo condicionaba, pues no lograba entrenar al 100 por ciento (y los kilos de más solían ser una amenaza para la rigurosidad de sus planes), el cochabambino disfrutó. “Era bonito. Costó un poco, pero valió la pena”.

El boliviano, nacionalizado colombiano, abrió la entrevista relatando que apenas llegó a la Llajta contó las horas para conocer a su último sobrino, Mateo. Cuando ya estaba todo dicho, cuando el encuentro en su casa había llegado a su fin, él se encargó de aclarar que faltaba “algo”.

“Si juego ráquet y quiero salir adelante, mi razón y mi inspiración principal es mi mamá”. Tras las palabras, un abrazo entre ambos y el beso final en la frente de Gloria.

El campeón, que quiere retirarse a los 40 años y que aguarda que le envíen en breve su pasaporte, sabe que será difícil representar los colores del país cafetalero en 2018, cuando Cochabamba reciba los Juegos Suramericanos. Sin embargo, lo asume como un reto lindo. “Será más bonito que incómodo”.



P: ¿Cómo estás fuera del país?

R: Gracias a Dios, bien. Aún no puedo jugar los torneos IRF, que son por países, pero sí los personales, representando a Colombia. Falta el pasaporte, que ya está. Iré a Bogotá en unos días. Ya lo tendré para disputar los Bolivarianos.



P: ¿Vives más en Estados Unidos que en Colombia?

R: Sí. Voy a entrenar y hacer cuestiones legales, pero un 95 por ciento del tour se disputa en Estados Unidos. Vivo con un primo en Florida, de ahí toca viajar cada fin de semana a un torneo.



P: En 2014 renunciaste ¿Cómo es el contacto con tu familia, mucho WhatsApp?

R: Al principio, me alejé un poco porque extrañaba.



P: ¿O sea, habías cortado como un método defensivo?

R: Como un método de inmadurez, tal vez (risas). A veces me ponía terco con algunas cosas. Me encerraba en un círculo. Andaba con la idea de entrenar y solo eso, pero con el tiempo todo fue mejor. Me acostumbré y mi primo (Carlos) me ayudó.



P: ¿Cómo era tu rutina?

R: Cuando comencé me mandaron a probar suerte, a ganar experiencia. Entonces no tenía un lugar fijo. Estaba en buses, que son como flotas y casas.



P: Las casas rodantes...

R: Exacto. Me tocó viajar en puro de esos, que eran de la marca que me auspiciaba. Mexicanos, colombianos, incluso americanos viajaban. Era bonito, lo disfruté. Costó un poco, pero valió la pena. También con Mauricio Zelada estuve casi un año, hasta que decidió vender el bus.



P: Ahora estás más tranquilo en un lugar fijo...

R: Claro. Es mejor para mis entrenamientos porque en el bus podía engordar. Ahora, en la casa de Carlos es genial. Entreno todos los días de 20:00 a 23:00.



P: ¿Qué te da Colombia?

R: Pasajes, indumentaria y entrenamiento. Cuando estoy en Colombia no pago un peso. Vivo con el presidente de la Federación en una casa amplia de Cali.



P: ¿Cuál ha sido tu evolución deportiva?

R: En Bolivia nadie entrena cinco horas al día. Allá comenzamos a las 17:00 con pesas y después nos metemos a la cancha hasta las 22:00. El nivel que hay acá en Open es el mismo que en Colombia.



P: ¿Quién se te viene a la cabeza?

R: Diego García es el proyecto más grande. Nadie llegó a semifinales de Open con 16 años. Es una maquinita, un robotcito. Desde la salida mía, de María José y Natalia, los comenzaron a apoyar un poco a los raquetbolistas.



P: ¿Por qué piensas que se dio ese cambio positivo?

R: Creo que mi salida fue un buen sopapo para que reaccionaran.

P: ¿Te imaginas tu situación en los Suramericanos?

R: Sinceramente, me gustaría jugar por Bolivia, pero no lo voy a hacer porque sería malagradecido. Si logro clasificar en Colombia, me van a ver aquí. Será más bonito que incómodo.



P: ¿Fue difícil decirle que sí a Colombia?

R: No mucho porque ya estaba bien metido en mi sueño de ser profesional. Quiero hacer algo para arrimarme al Top 5. Kane es mi objetivo. Ya le gané al 3, al 4 y al 5, pero nunca al número 1.



P: ¿Cuántos años más te ves en el raquetbol?

R: Hasta que me den las piernas y el brazo. Quisiera jugar hasta mis 40.



La entrevista había terminado, pero Mario quiso reavivarla para sentenciar:

“Si juego ráquet y quiero salir adelante, mi razón y mi inspiración principal es mi mamá”.

Quiere retirarse

a los 40 años

Mario Mercado planea dejar la raqueta cuando cumpla los 40 años, tal como sucede con los grandes exponentes del mundo, que luchan cada bola hasta que el cuerpo ya no les responda.

“Quiero dejar el ráquet cuando tenga 40”, sentencia, con total decisión, el muchacho de 22 años que gusta de platos como la sopa de maní y la picana navideña.

De hecho, una de las cosas que le pidió a su madre apenas llegó a Cochabamba es que le preparase una picana, poco usual para estas fechas.

“¡Como de todo! Me encanta la comida”, cuenta, quien también se reconoce como gran amigo de Diego García, el adolescente de mayor renombre en el país.

Tiene pensado firmar una carrera larga, llena de victorias y experiencias que lo sigan nutriendo. Por ello, aunque se encuentra en receso competitivo, continúa entrenando a diario para abrir la próxima temporada a lo grande, por todo lo alto.

Una de sus ventajas es que vive a unas cuadras del Polifuncional de Sarco, donde hay canchas para la práctica de la disciplina.

Así, uno de los objetivos de Mario son los Juegos Bolivarianos, que se darán en Santa Marta, Colombia. Quiere dejar en alto el nombre del país al que representa, aunque la nostalgia que siente por los colores de la Tricolor es significativa.

Para ir detrás de sus sueños y ser profesional en el raquetbol tuvo que dejar a un lado su carrera de fisioterapia. Todo sea por cumplir su sueño.


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