Cochabamba, Bolivia, Miércoles 17 de mayo de 2017
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“Pienso, luego existo”

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Por: EDUARDO A. MORALES | 17/05/2017 | Ed. Imp.
Descartes plantea esta conclusión en su “Discurso del método” de 1637, conclusión que nace de la duda, la cual genera crítica, y es esta última la que nos lleva al planteamiento de alternativas, también en la cuestión ambiental. Esa crítica hace falta en nuestro medio, pero debe ser una crítica informada, coadyuvada por datos e información fidedigna. Sobre la degradación ambiental, nos hace falta una posición crítica que sea una guía de las acciones de retaliación contra el extractivismo y modificación del entorno. Me da la impresión de que la mayor parte del público que recibe noticias sobre tal degradación es simplemente eso, receptor. Y es un receptor poco crítico que se tambalea tenazmente sobre la delgada línea entre la indecisión y la inacción ante la urgencia.

Es frustrante ver las reacciones del público, por ejemplo, ante el tema salud en el caso Alalay, ante la contaminación de la laguna y sus efectos sobre la integridad de niños y ancianos de la zona. Ese público salió a las calles en 2016 y claudicó en su intento por conseguir soluciones para los efectos de gases y cianotoxinas emanados desde la laguna; fue acallado con promesas que no se cumplieron. Hasta ahora lo que se ha hecho es maquillar la laguna como si fuera parte de un rito que, de algún modo, cuasi milagroso, limpie el agua y los lodos contaminados. Ese mismo público salió nuevamente en 2017, pero esta vez para ponerse en contra de la institución incorrecta, el Crempla, que, de funcionar bien, podría garantizarles la consecución de un medio ambiente más saludable.

El escepticismo debe ser parte integral de la evaluación de las actividades de las autoridades de turno. Sin esa duda fundamental, nos convertimos en títeres (como sucede en Alalay) de aquellos que buscan cincelar sobre nuestros lomos su visión egoísta de progreso, su interpretación de lo que sería bueno o no para nosotros. Mientras sigamos en una sociedad tradicionalista (en sentido ambiental) en la que la autoridad no se cuestiona, mientras continuemos pensando a corto plazo, sin una planificación certera y de acuerdo a la realidad del entorno, nuestros cerebros seguirán siendo los campos en los que se siembren imágenes de aciagos rascacielos de 50 pisos que se terminen la poca agua que nos queda, absurdos parques con estanques en vez de lagunas naturales, y embrutecedoras plazas que tengan wifi, acero, y demasiada iluminación, pero no las condiciones para el real esparcimiento.

El pensamiento crítico es un derivado de la educación, pero de una educación de vanguardia, una educación que deje atrás el lastre de una cultura estática y retrógrada que todavía ve a Cochabamba como ciudad jardín, como paraíso de clima benigno o como lugar fructífero y de comer abundante y saludable. Esa ilusión quedó atrás y es necesario suplantarla por una realidad distinta, la realidad de que estamos divididos en varios bandos y en conflicto constante, precisamente porque ya no somos ni jardín ni paraíso ni lugar de ensueño donde se come sano. Es necesario construir un horizonte y empezar a medir científicamente la mejor manera de llegar allí y en las mejores condiciones posibles, siempre pensando que las siguientes generaciones también merecen gozar de un equilibrio con su entorno.


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