Cochabamba, Bolivia, Martes 10 de enero de 2017
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Definiciones y actitudes

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Por: MARÍA ESTHER MERCADO H. Antropóloga y docente universitaria maia_te@hotmail.com | 10/01/2017 | Ed. Imp.


Es muy común creer que la pluriculturalidad y multiculturalidad son sinónimos de interculturalidad. La pluriculturalidad es la coexistencia de muchas culturas en el mismo territorio, culturas que al mismo tiempo tienen identidades propias y diferenciadas. Esto no significa que entre ellas exista interacción. El problema es cuando se cree que por el solo hecho de la coexistencia entre diversas culturas, ya es sociedad intercultural.

La definición de multiculturalidad reconoce la existencia de diversas culturas que coexisten en determinado territorio, sin embargo, no considera el aspecto relacional que se teje entre estas culturas, pues al mismo tiempo están dispersas y segregadas. En la multiculturalidad no se cuestionan las relaciones de poder y hegemonía que en dichas relaciones se construyen, de modo que se convierte en un instrumento útil para la implementación de políticas liberales desde el Estado. Se mimetizan las desigualdades y la supuesta igualdad de derechos es una simple declaración discursiva. El multiculturalismo reconoce la otredad siempre y cuando no impugnen el orden establecido y dominante. No se considera al diferente y se lo convierte en un “otro folclórico”.

La interculturalidad aún no existe, es una utopía a la que nos debemos acercar porque estamos históricamente situados. La interculturalidad no es un movimiento social, es una relación entre diferentes; no es tolerancia, es interacción y diálogo. Esto implica una continua relación de alteridad entre seres humanos que tienen diferentes cosmovisiones, donde se producen intercambios simbólicos de sentidos y significaciones. La interculturalidad, es una actitud que construye puentes, donde no se anula la diferencia sino que establece una dialéctica entre la mismidad y la otredad. Algo muy importante es que la interculturalidad requiere rescatar las dimensiones de la espiritualidad que se han perdido, como consecuencia de una civilización que desacralizó el mundo, la naturaleza y la vida, para hacerla objeto de dominio, para acumular bienes. Es importante que con esta actitud se recupere y se vuelva a mirar la naturaleza como algo intrínseco a nosotros.

Todas las personas tenemos la obligación de construir la interculturalidad como tarea vital, por los derechos materiales y humanos, el derecho a ser diferentes y a ser reconocidos y respetados en la diferencia; el derecho a la dignidad, la solidaridad, la alegría, el derecho a soñar, el derecho a la felicidad y al amor, el derecho a ser escuchados.

La diferencia entre multiculturalidad, pluriculturalidad e interculturalidad, hace referencia a horizontes de vida, de existencia, de sociedad y civilización con prácticas, visiones y compromisos, tareas y dimensiones políticas, no solo diferentes, sino antagónicas. La interculturalidad es una actitud que tiene dimensión política, pues es un asunto de existencia y de respeto a los derechos humanos.

Patricio Guerrero señala “la interculturalidad es una cuestión que va más allá de lo étnico, del ser indio o negro. Este tema debe interpelar a la totalidad de la sociedad, no solamente que el negro o el indio entiendan la cultura dominante, sino que la sociedad hegemónica entienda las diferentes formas culturales del otro”.

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