Cochabamba, Bolivia, Lunes 9 de enero de 2017
Opinión

A manera de agradecimiento

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Por: Marco Antonio MarÍN G. Gestor cultural y coordinador de Telartes estar.simplemente@gmail.com | 09/01/2017 | Ed. Imp.
Intuitivamente, siempre he quedado encandilado por el fuego. Cualquiera sea su manifestación. Aun la que uniforme, circular y azulada vibra alrededor de la cotidiana hornalla. El fuego, más que definir, abrasa, enciende, circunscribe, describe o revela. Busca la provocación, pero no define el curso o sendero. Aplaca o detona. La referencia al titular de la columna se debió al poema “Elegía bruta” del dominicano Manuel del Cabral, culminando en estos versos finales: “todavía…/ no está el fuego en su sitio”. Despojado de su lugar, el fuego se pasea infranqueable, indómito y extraviado.

En este camino personal dejaron de ser máscaras la racionalidad moderna o la sumisión por lo políticamente correcto. En la búsqueda de respuestas fue disipada la pretensión de certezas. Se acogieron las dudas y las permanentes incertidumbres. Se multiplicaron las preguntas y el método se torna incapaz de ordenar los extravíos. Los temas abordados en la columna, en su mayoría, concentraron tópicos culturales: ¿Qué lugar más extraviado que lo cultural en Bolivia que, tras el abandono estatal, pervive cual brioso fulgor para remozarlo? Hallando, más que certezas, interpelaciones y exigencias a formas participativas y ciudadanas de construcción que pueden fortalecer un descampado tan arbitrario como el de la institucionalidad cultural estatal. Siendo provocados por el quehacer colectivo y apasionado, los textos, por supuesto, que fueron irresueltos ya que todavía deben encontrar las formas por los cuales definirse y accionar. El poeta Cabral ya lo anunciaba: “Todavía tenemos que hablar con la mañana…/ todavía tenemos/ que romper los pupitres de la escuela/ y sacar sus papeles para hacer con la letra/ una hoguera en la calle,/ una enorme,/ una pura,/ una terrible hoguera,/ una hoguera/ donde se queme la indiferencia,/ donde se quemen los antifaces,/ donde se queme el silencio”.

El calendario que reiniciaba hace un año, marcaba también el inicio de esta columna. No puedo más que agradecer a la Dirección y editores del periódico Opinión que este fuego aún permanecerá y será provocado por miradas más ágiles y expertas, cuyo campo de dedicación vital están siendo promovidas por la plataforma de articulación cultural Telartes. Hace más de una década, en tierras guaraníes, tras una noche de ronda en tertulia, uno de los capitanes me dijo: “Sobre las cenizas se colocan nomás los maderos, entonces el fuego renace”. El fuego pervive y su extravío, ahora, se cultivará colectivamente.

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