Cochabamba, Bolivia, Lunes 9 de enero de 2017
Editorial

México, al ritmo de Trump

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09/01/2017 | Ed. Imp.
El magnate Donald Trump, quien en cuestión de días se convertirá en el nuevo presidente de Estados Unidos, eligió a México para hacer una demostración anticipada de sus bailes de demostración de poder. Si así actúa, incluso, sin haber jurado al cargo, ¿cómo lo hará cuando ya se haya instalado en la Casa Blanca?

Hasta ahora, el Gobierno de Enrique Peña Nieto parece no tener un poder de reacción frente a la arremetida, solo trata de acomodarse a las circunstancias y confiar en que su suerte vaya a cambiar con algunas movidas en su equipo de colaboradores.

Trump ya se hizo de mala fama cuando a los migrantes mexicanos les echó la culpa de los males que aquejan a Estados Unidos, como las violaciones y otros crímenes, cuando anunció la construcción de un muro fronterizo, cuando vaticinó la muerte del Tratado de Libre Comercio, cuando anunció la deportación de indocumentados…

Se calcula que unos 35 millones de mexicanos viven en Estados Unidos y que cerca de seis millones de ese total son ilegales.

¿Qué pasa por la cabeza de Trump?, ¿México es un vecino indeseable?, ¿o será más fácil lanzar amenazas a un Gobierno débil que no sabe cómo responder?

Cuando se pensaba que hasta allí llegaría la hostilidad, el Mandatario electo apretó otro botón: amenazó a todo inversionista que tiene intereses en suelo mexicano.

De nada sirvió su polémica reunión con Peña Nieto en territorio vecino, meses antes de las elecciones en las que venció a la candidata demócrata Hillary Clinton.

Hace solo unos días, las compañías automotrices General Motors y Ford Motor fueron amenazadas por el futuro gobernante con un incremento en los impuestos por la venta en Estados Unidos de vehículos fabricados en México.

En el caso de Ford, sus ejecutivos frenaron una inversión de 1.600 millones de dólares en México. Sus ejecutivos cambiaron inmediatamente los planes y decidieron invertir 700 millones para la construcción de vehículos eléctricos en Michigan.

Este es según algunos expertos un golpe a la economía mexicana, sin contar con que el sector automotriz sobrevive de la demanda de su vecino. En general, cerca del 80 por ciento de las exportaciones y más de la mitad de la inversión extranjera tienen sello estadounidense.

Peña Nieto no tiene capacidad de reacción inmediata. Tímidamente realizó un cambio en su equipo de colaboradores: nombró en el cargo de canciller al economista Luis Videgaray Caso.

Esta designación no es nada casual porque precisamente Videgaray, cuando fungía como secretario de Hacienda, fue uno de los gestores de la visita del entonces candidato republicano a México, en agosto de 2016, con la finalidad de acercarse a quien sería elegido en las urnas.

Fue alejado del Gobierno precisamente porque hizo posible ese encuentro criticado por los mexicanos que se sintieron ofendidos por Trump, pero meses después, Peña Nieto lo premia con un nuevo cargo del que poco conoce el economista.

Es el as bajo la manga del Presidente mexicano. Videgaray frecuenta un círculo de amistades que comparte con el yerno de Trump, Jared Kushner, esposo de Ivanka Trump. Kushner fue otro de los gestores de la visita de su suegro a México.

Entonces, el futuro de las relaciones bilaterales no solo depende de cómo se armen las reglas de juego, sino también de las “amistades”, en este caso de un economista amigo del hijo político del futuro Mandatario estadounidense.

Peña Nieto dio la orden de apurar el diálogo con la nueva administración de la Casa Blanca y apuntar a que los vínculos entre los países sean de carácter constructivo y dijo que Videgaray tiene la obligación de defender los intereses mexicanos sin perder de vista la soberanía y la dignidad.

En todo caso, está claro que la misión encomendada al nuevo Canciller mexicano es dura porque a Trump le gusta tener la sartén por el mango y ha demostrado que tiene un poder para hacer lo que quiere.

Tags: méxico, ritmo, trump







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