Cochabamba, Bolivia, Viernes 6 de enero de 2017
Editorial

El Dakar y el medio ambiente

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06/01/2017 | Ed. Imp.
Ayer ingresó la competencia del Rally Dakar en territorio boliviano después de haber arrancado en Asunción (Paraguay). Es la cuarta vez que pasa por Bolivia. En 2014, la competencia dejó 12.800 toneladas de dióxido de carbono, una cantidad similar a la que se obtendría de la combustión de cinco millones de litros de gasolina o el consumo de energía eléctrica de 11.000 familias por año.

Ese cálculo es parcial, ya que solo se tomaron en cuenta las emisiones indirectas; es decir, el traslado de turistas, la generación de basura y el consumo extra de energía en las comunidades por donde pasaron los todoterreno.

En 2015, fueron 17.000 las toneladas de dióxido de carbono que la carrera mandó a la atmósfera. Este gas alimenta el efecto invernadero que se refleja en el aumento de la temperatura en el mundo y el consecuente impacto en los habitantes del planeta.

El Gobierno, contento con los beneficios cosechados por el turismo, puso en marcha el proyecto Huella de Carbono del Rally Dakar para compensar el impacto ambiental en las comunidades, por ejemplo con la entrega de cocinas solares en viviendas y paneles solares en hospitales, con el fin de bajar el consumo de gas o leña, y así reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo, se sabe que no se alcanzó las expectativas.

Hace seis años, un artículo de Mempo Giardinelli, publicado en el diario argentino Página 12, describía “la historia negra” de una competencia que nació con el nombre original de Rally París-Dakar para unir Francia con Senegal. En él aseguró que hubo daños ambientales y trato inhumano a los africanos, y que la competencia era una suerte de vitrina para famosas marcas de vehículos, bebidas y tabaco.

Una mezcla de conciencia ante el desastre ecológico y la situación de inestabilidad política en África obligaron a los organizadores a buscar otros rumbos. Estados Unidos, Canadá y Australia les cerraron las puertas. Entonces, apareció la opción sudamericana.

Si bien había dudas acerca de su permanencia en esta parte del mundo con una nueva versión, lo cierto es que una vez más está en Bolivia para pesar de los ambientalistas y de grupos de activistas paceños que protestan mediante las redes sociales contra el Dakar.

En las cuatro veces que el Dakar ha pasado por Bolivia, el Gobierno le restó importancia a los llamados de alerta de los ambientalistas acerca de los riesgos que trae el Rally y aunque siempre aseguró que tomó todas las previsiones del caso, lo cierto es que ahora el panorama es diferente porque en algunos departamentos de Bolivia la escasez de agua se ha vuelto un problema social que amenaza desde las redes sociales con no dejar pasar pacíficamente la caravana de pilotos con sus motorizados este sábado.

Y aunque Marc Coma, pentacampeón del Dakar y director deportivo del maratoniano ralli suramericano, admitió que uno de los mayores problemas que tendrían al pasar por Bolivia es la escasez de agua y, por ello, la organización francesa del Dakar ha traído desde Argentina seis carros cisterna, con 25.000 litros de agua cada uno (300.000 litros en total), lo cierto es que a estas alturas ya nada parece suficiente para seguir permitiendo la realización de esta competencia que cada vez parece tener menos sentido a la hora de hacer el recuento de los daños al medio ambiente.

Aunque no se sabe con exactitud qué pasará este sábado, el Gobierno debiera de una vez pensar en serio en dejar de ofrecer territorio boliviano para el paso del Dakar porque el daño que este ocasiona no es coherente con el discurso del Presidente de protección de la Pachamama porque a esta tal competencia la hiere. Y, por lo visto, se está terminando la paciencia de la gente que cada vez es más consciente del trasfondo negativo de esta competencia.

Tags: dakar, medio ambiente







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