Cochabamba, Bolivia, Miércoles 4 de enero de 2017
Editorial

Otro año, nuevo gabinete

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04/01/2017 | Ed. Imp.
¿Por qué las personas festejamos cuando termina un año y otro empieza?, ¿por qué les deseamos a los que abrazamos que tengan un buen año? Unos dirán que siempre lo hicieron y que la idea la heredaron de sus padres, pero no está demás preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos.

Cuando llega el último día del año termina el ciclo de los días que dieron lugar a un ciclo llamado año y todo fin tiene después un principio, es el proceso de las transformaciones pequeñas, medianas o grandes. Sin embargo, ¿qué nos garantiza que al terminar el día 365 algo habrá cambiado?

Es, por donde se mire, una ilusión construida por miles de narraciones heredadas y alimentadas por nuestros rituales anuales de comprar regalos, hacer nacer al niño Jesús, darnos abrazos y obsequios, comer a no poder más y en Año Nuevo reventar el aguante de nuestro cuerpo en un día maratónico que se extiende hasta el día siguiente bailando, comiendo y las más de las veces tomando bebidas alcohólicas como si quisiéramos estar despiertos al terminar un ciclo y empezar el otro, que no nos agarre desprevenidos el inicio del “cambio”.

El problema es que se trata de una ficción compartida socialmente porque, en realidad, puede ser que nada cambie en la vida de mucha gente o, incluso, tal vez empeore convirtiéndose el año en algo digno de olvidar.

Por el lado práctico y más real, lo que se estrena en Bolivia cada año es un nuevo presupuesto, el que también suele parecerse al anterior si es que los gobiernos no hacen una mejor lectura de la realidad, la que ahora nos dice que el país requiere de un presupuesto ajustado a las necesidades urgentes que, incluso, debieran convertirse en política de Estado, tal el caso del uso del agua.

No solo eso. El presupuesto general ajustado debiera ser acompañado por autoridades especialistas en el área que les ha tocado jugar un papel y el presidente Evo Morales tiene que tomar decisiones en ese sentido. Felizmente, ha anunciado que hará cambios en su gabinete y ojalá los mismos los haga pensando dos veces y no solo escuchando lo que algunos allegados le dicen, quienes únicamente cuidan sus intereses y ciertos equilibrios de corrientes internas.

Toda posibilidad que un partido tiene a futuro depende, en gran parte, de lo que hace en el presente porque si no toma las decisiones correctas, sus opciones se pueden ir achicando hasta borrarlo como fuerza política del mapa electoral como ya sucedió en la historia del país con algunos partidos.

Lamentablemente, la falta de líderes políticos renovados en la mayoría de los partidos está ocasionando que el jefe del MAS, Evo Morales, se sienta insustituible y tal parece que por ausencia de los demás, él termina pensando que sin él no habría nada más en Bolivia y aunque los opositores digan lo contrario, ese es el escenario que la política ha creado en el país: un campo que no ha tenido la capacidad de seguir renovándose.

El Mandatario aseguró: "Habrá cambios para dar oportunidad a las nuevas generaciones”, así debiera ser y ojalá que el momento de tomar decisiones sobre quiénes se quedarán y quiénes se irán de su gabinete recuerde lo que ha dicho porque a veces se dice una cosa y al final se hace otra, ya ha pasado.

Habrá que esperar hasta el 22 de enero que representa un nuevo ciclo o año para el Gobierno para conocer a esas caras de las nuevas generaciones, mientras en la otra acera los ciudadanos tenemos la oportunidad de pensar en serio en cambiar nuestros viejos hábitos a la hora de usar el agua, echar basura en las calles, contaminar con viejos autos e intentar solucionar cualquier problema mediante la violencia y no el diálogo. Un país no lo puede construir una sola persona ni un único partido por muy hegemónico que pretenda ser. Debemos construirlo entre todos.


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