Cochabamba, Bolivia, Martes 22 de noviembre de 2016
Opinión
NOESIS

Si quiere agua, diga no a la coca ilegal

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Por: IVÁN ARIAS D. | 22/11/2016 | Ed. Imp.
“Paceños, sigamos haciéndonos a los locos frente a la deforestación y no tendremos agua ni aire para respirar. El 60 por ciento del agua y aire que respiramos los altiplánicos se produce y viene de los bosques que están tras la cordillera, en la Amazonía”, advertía con alarma una científica boliviana en un taller sobre las represas del Chepete y El Bala.

Las personas que viven en la hoyada y El Alto no tienen conciencia de que parte de nuestra vida depende de lo que hagamos detrás de la cordillera. La bajísima conciencia ambiental y amazónica de los collas asentados en esta parte del territorio raya en la indiferencia y la estupidez suicida. Pero, si los ciudadanos comunes muestran indiferencia; diputados, senadores, alcaldes, concejales y Gobernador creen que las represas del Chepete y El Bala no tienen nada que ver con nuestras vidas y que el oponerse a semejante locura es oponerse al desarrollo del departamento. Alcaldes “amarrahuatos” han expresado su apoyo a las represas. Y los legisladores están sordos, ciegos y mudos, convirtiéndose en cómplices de lo que está pasando y pasará.

La Paz no tiene agua para sus necesidades básicas, porque, aparte de la improvisación y la politiquería que dominan a Epsas, estamos destruyendo los bosques amazónicos. Las represas del Chepete y El Bala matarán nuestras fuentes de aire y agua. Por otro lado, es absurdo que el Gobierno gaste millones de bolivianos en el proyecto Mi Árbol con la idea de plantar árboles en todo el país, cuando con proyectos como Chepete-El Bala y leyes como la 221 se autoriza la destrucción de millones de árboles de bosques naturales. Contrasentidos de un Gobierno que se montó sobre la Pachamama para vender un discurso para incautos.

En los Yungas y el Chapare, miles de hectáreas de bosque natural han sido quemadas para la siembra de coca y los efectos ya se sienten a través de las sequías y tierras en franco proceso de desgaste. Allá donde había frutas tropicales, solo hay coca. Ríos y lagunas están siendo contaminados por el uso de precursores. Caranavi, otrora húmedo y lluvioso, hoy sufre temperaturas infernales y sequías casi saharianas. La coca mata la tierra y el Gobierno quiere ampliar de 12 a 20 mil las hectáreas de este cultivo depredador. El 94 por ciento de la coca del Chapare va a actividades ilegales. La falta de lluvias en las ciudades de Cochabamba y La Paz tiene, en la deforestación cocalera, una de sus explicaciones. Entonces, si quieres agua, debes decir no a la coca ilegal y no a las represas del Chepete y El Bala.


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