Cochabamba, Bolivia, Martes 0 de - de 2011

Ex-Duraznitos o la consagración del canto y zapateado

31/01/2011

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Si llenar el teatro Achá o el estadio departamental es el sueño consagratorio para varios grupos locales de diverso género, para los que ejecutan la cumbia huayño es actuar en Los Ex-Duraznitos.

Oficialmente llamado Ave de Cristal, este popular salón de conciertos y baile se ubica en el kilómetro cuatro y medio de la avenida Blanco Galindo.

Solo atiende los domingos desde el mediodía, cuando se empiezan a vender platos típicos, para más tarde ser sede las presentaciones de grupos como Las Consentidas, Las Sabrositas y Las Traicioneras del Amor, siempre acompañadas por bandas de varones como Los Ronisch o Las Águilas de América.

Abelina Villarroel, dueña de este galpón de casi cuarta manzana, definió así a su público: "la mayoría son obreros y trabajadoras del hogar que trabajan toda la semana y vienen acá a divertirse el domingo".

Pasarla bien sale caro

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Pero, a no engañarse, no por popular el esparcimiento sale barato. Incluso se puede decir que el acceso al boliche es más caro que en muchos de la acomodada zona norte de la ciudad. La entrada, dependiendo de los grupos, cuesta entre Bs 25 y 30. Los platos de comida andan por los Bs 50, la cerveza cuesta 15 y el balde de guarapo 30 (no se venden otras bebidas alcohólicas). Vale decir que quien quiera que desee pasarla del todo bien debe tener en los bolsillos, incluyendo pasajes, al menos Bs 100 -la octava parte del salario mínimo nacional para un solo día, y eso si es que uno va solo-.

Fracciones de ese dinero van para las agrupaciones que, precisó la dueña, cobran entre Bs 2.000 a 2.500 por casi dos horas de espectáculo, "aunque los más conocidos llegan a cobrar más y en dólares".

Por fortuna para nuestras arcas, los periodistas no llegamos a los Ex-Duraznitos en un domingo en que se pagaba entrada. Y además cenamos antes. Solidarizándose con una tempranera campaña navideña de una red televisiva, el domingo 9 de agosto media docena de grupos de cumbia huayño, Las Únicas y Las Caprichosas en medio de la cartelera de otros consagrados, decidieron cambiar su arte por un juguete como ingreso.

Enaguas al descubierto

 

Cerca de las 20.00 horas Las Luceritas comenzaron a calentar una todavía tímida pista de baile, en la que incluso se veía deambular a familias enteras y a parejas yendo a comprar sus cervezas -la gran mayoría toma en el local el licor de cebada y no el guarapo-.

Al son del estribillo "Mi pobre corazón se enamoró de ti", cuatro alegres jóvenes que zapateaban hicieron volar por los aires sus polleras, dejando al descubierto enaguas blancas que sobre todo muchos varones comenzaban a mirar con algo de disimulo.

Comenzamos entonces a pensar que Abelina Aguilar tenía razón cuando ratos antes nos dijo, consultada sobre el éxito de su boliche que llega a acoger más de mil personas cada domingo: "A la gente le gusta la zapateada, la vestimenta de blusas y polleras cortas".

El ritmo y simpatía de las Luceritas, apoyadas por un animador que incitaba todo el tiempo a moverse, comenzó a dar sus primeros frutos y decenas de parejas -una buena parte de mujeres también luciendo polleras, mientras los hombres vestidos con poleras de fútbol, jeans y zapatillas deportivas- salieron a la pista para bailar.

Tras media hora de cumbia huayño y estribillos como "Tú me quieres, yo te quiero", terminó el show de Las Luceritas.

Estallido total

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Tras bambalinas -no hay camerinos en el boliche- ya se podía ver a las famosas Las Consentidas y Los Solitarios alistándose para subir al escenario.

Era uno de los platos fuertes de la noche y así entendió el público que aprovechó el receso para aprovisionarse de más bebida.

"¡Arriba las solteras!" exclamó el nuevo animador, dando curso al estallido de alegría y baile, ahora sí masivo, en una pista en la que, como enseñados miembros de fraternidades, varios colectivos sobre todo juveniles coordinaban sus pasos de zapateo.

"Hojita verde de la coca" cantaron Las Consentidas, calentando más el ambiente en el que no se percibía nada del frío exterior -donde llovía-.

La promesa del regalo de discos que eran lanzados desde el escenario avivaba el clima de fiesta, una fiesta en a la que, también ayudados por algo de guarapo, los periodistas decidimos unirnos, aunque moviéndonos tímidamente entre la multitud que constantemente aplaudía a sus estrellas.


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