En relación con este asunto, de suyo complejo, no tanto por su propia dimensión como por el comportamiento del mundo en el uso de la hoja de coca, lo primero es una actitud incuestionablemente ética, por encima de prejuicios, de complejos y de cargos de conciencia. De lo que se trata es de contribuir al debate en relación con lo que Bolivia debe hacer y con lo que a partir de tal posición nos corresponda actuar en el mundo. Más que un análisis técnico de la planta, lo que se impone es una valoración profunda, honesta y humana del comportamiento de quiénes están, voluntaria o involuntariamente, inmersos en el trágico proceso coca–cocaÃna.
En una proyección ideológica simple, podemos referirnos directamente a la cantidad de coca cultivada en nuestro paÃs. Una lÃnea de razonamiento tan superficial, servirÃa de poco en esta preocupación colectiva, orientada a definir una posición en ámbito internacional. Antes de referirnos a las hectáreas cultivadas, es importante preguntarse acerca del significado de las leyes del mercado. En el campo de la economÃa, ¿es evidente que la demanda determina la oferta?, la respuesta a esta pregunta nos indicará el camino que debemos seguir para resolver esta inmensa deformación de la cultura contemporánea.
Si la hoja de coca no fuera materia prima para fabricar cocaÃna, seguramente, muy pocos o quizá nadie estarÃa preocupado por el cultivo de este vegetal. La realidad tiene una dimensión inconmensurable, millones de seres humanos viven bajo los efectos de la droga, voluntariamente consumida. Lo voluntario, obviamente, se da en el marco de una tendencia universal determinada, de la cual, difÃcilmente, pueden zafarse los individuos.
La hoja de coca es convertida en droga, respondiendo a los requerimientos de esos millones de seres humanos, que consumen la droga que se fabrica de la planta boliviana. Esta adicción, vicio o desgracia, tampoco surge porque tal tendencia corresponda, inevitablemente, a la naturaleza de las personas. La gente tiene necesidad de estupefacientes por las angustias, por los desafÃos, por los miedos, por las preocupaciones generadas por las condiciones en que vive, es decir, por la cultura construida por la comunidad o impuesta por los núcleos dominantes. Entonces, a partir de la hoja de coca, es posible llegar al debate sobre la situación del ser humano en la sociedad contemporánea.
Lo que hemos dicho hasta aquÃ, inicialmente, nos permite plantear una primera conclusión: las plantaciones de coca y su uso no dependen, exclusivamente, de Bolivia ni de su Gobierno. Podemos afirmar que el paÃs es también vÃctima de las grandes deformaciones mundiales de la cultura. Es posible que lo que hagamos, internamente, influya en algo pero, con seguridad, la solución no está en nuestras manos. Si los que definen la suerte de la humanidad no actúan honestamente, lo que hagamos será poco. Empero y a pesar de semejante limitación, la consigna es que debemos cumplir nuestro deber, consecuentemente, con nuestros principios.