Ricardo Bajo H.
desde La Paz
Ãlvaro, el único “Ãlvaro†del paÃs, levanta el puño izquierdo, mano al corazón. Entre más de 60 personas, sólo un puño en alto más. Suena el Himno Nacional. Es el salón de honor de la Feria del Libro de La Paz. Es la noche de la inauguración, el pasado jueves 14, Bajo Seguencoma. Edición 13 bajo el lema: “Bolivia lee, unida y diversaâ€. Discursos oficiales. Entre ellos unas palabras de Pedro Susz, quien sustituye al Alcalde ausente: “Los medios de comunicación, potenciales sujetos para nutrir nuestros espÃritus creativos, se han comercializado al extremo y ahora son responsables de la creciente insignificancia que hablaba el ‘último filósofo’ Cornelius Castoriadis.
El Presidente en funciones, Ãlvaro GarcÃa Linera, exhibe sus artes oratorias, alaba el libro como constructor de realidades y “expresión de lo que somos y deseamos serâ€. Cita a “Tambor†Vargas, Montenegro, Zabaleta, matemáticos célebres, filósofos griegos y, por supuesto, a las luchas que protagonizaron hombres y mujeres después de leer libros y tomar conciencia o partido, como dirÃa “El Papirriâ€. El libro, como fuerza productiva, simbólica e intelectual, dice Ãlvaro, para luego acordarse de los luchadores: “¿Cuántos han muerto después de leer los libros del Che? ¿Cuántos sindicatos se han organizado tras leer el Manifiesto Comunista? ¿Cuánta gente ha desplegado su vida a partir de lo leÃdo? ¿Cuántos han muerto por los ideales hallados en un libro?â€.
Ãlvaro prosigue y anuncia la inminente anulación del impuesto del 13% IVA al libro. “No depende del Presidente Evo, sino del Congreso, pero anularemos el IVA para inundar de libros de nuestro paÃs, para que el libro no sea privilegio de nadieâ€. Aplausos cerrados. Otro mandatario que promete acabar con el maldito impuesto, como Mesa. Para cerrar: “El próximo año, en el Bicentenario del 16 de Julio, hagamos palidecer a la Feria del Libro de Buenos Airesâ€. Más aplausos. Y sonrisas.
Fin del discurso. El Quintento de Vientos de La Paz, comandado por Boris Vásquez interpreta “Huayño†de Adrián Patiño, “Tango Illimani†de Néstor Portocarrero y “Niña Camba†del paceño César Espada. La gente tararea y luego pide “Collitaâ€. No hay tiempo para más. Es la hora de cortar la cinta. Las cámaras se agrupan como “rough†de rugby en torno al “vice†que habla de los prefectos, del diálogo y del 10 de agosto. Son las nueve de la noche y Ãlvaro comienza su habitual recorrido caótico por la Feria para aprovisionarse de libros, como todos los años. A medida que avanza por los stands, la aglomeración va desapareciendo. Habla con todo el mundo, saluda siempre sonriendo, lanza sonrisas cómplices, se hace querer, incluso por veinteañeras que lo siguen “porque es muy churroâ€. Es la atracción fatal del “vice†en estado puro.
El jefe nacional de Bibliotecas, Nelson Larrea, hace de guÃa en su stand que muestra las primeras máquinas de escribir del siglo XIX. Ãlvaro se para delante de una “Gundka 5†estadounidense de 1850 (ver foto). “El miércoles va a estar el decreto, el Presidente te debe ese decreto para anular el IVAâ€, le dice a Carola Ossio, rodeada de antigüedades. Llega el embajador cubano, Rafael Dausá y lo invita a su stand. Ãlvaro comienza a recopilar: “En honor de los 90†de MartÃnez Heredia, dos tomos de obras del Che Guevara, un DVD sobre Fidel de Estela Bravo, “Instantáneas†de Liborio Noval y otros. Antes, el célebre activista Adolfo Cerrado le regala un libro de un cuate, Freddy Tarqui, “Mayaâ€, sobre cosmovisión andina.
En el stand de Hispania, la pregunta de siempre: “¿Qué me recomienda? ¿Qué novedades tiene?â€. Ãlvaro pide los consejos clásicos de los libreros de antaño. De esos ya quedan poquitos y en la Feria escasean. Le regalan “Crónicas del Holocausto†y algunos más. El “vice†casi no acepta los presentes, le dice a su secretaria Karina que pase al dÃa siguiente a llevarse todos y pagar. Algunos insisten y obsequian sus libros. De nueve a once de la noche, una hora más del horario habitual, el Presidente en funciones camina la Feria. Suma y sigue, alimento para su biblioteca particular en Sopocachi, de más de 20.000 libros. En los puestos con libros para pequeños, le ofrecen también libros: “El que no tenga niños no significa que no me interese la literatura infantilâ€, dice entre risas.
En el espacio de la editorial Cima, David de Rojas Silva le obsequia su flamante libro “Tokapuâ€, sobre heráldica y emblemática inca. El “gordo†Arana lo entrevista para su programa y el “vice†se confiesa: “Evo y yo siempre andamos escribiendo a mano todo, registramos en cuadernos lo que va pasando, es material en bruto pero, en unas décadas, publicaremos algo. Ahora he escrito un textito de 50 páginas para Clacso y para Brasil, ojalá pueda haber alguien interesado en Boliviaâ€. Pasa por el stand de la Fundación del Banco Central y se lleva “Pintura boliviana del siglo XIXâ€. Charla con un viejo amigo y le dice citando a Confuncio: “Conócete a ti mismo, conoce al adversario y ganarás mil batallasâ€.
En Patiño, Michela Pentimalli le regala el espléndido catálogo de la exposición sobre la Guerra del Chaco (“Chaco Trágicoâ€), actualmente llevándose a cabo en Cochabamba. También se lleva un libro sobre algas. Avanzando lentamente y permanentemente custodiado por media docena de guardaespaldas, llega a la editorial El PaÃs, donde lo reciben su capo, Ricardo Serrano, y el escritor argentino, MartÃn Sivak, el autor de “Jefazoâ€. “¿Cuál es tu libro más vendido?â€, le pregunta a Ricardo. “¿La verdad?, ‘Ciudadano Xâ€, responde. El “vice†lo mira feo y Serrano responde: “Me dijo la verdadâ€. Ãlvaro charla con Sivak que le pregunta por la fanfarronada de la alusión a la Feria de Buenos Aires en su discurso. RÃen. Luego “aparta†para recoger al dÃa siguiente otros libros como “Paz, Perón y Haya†de ValentÃn Abecia y el último ejemplar de la revista Cosas. “La campaña me ha dejado sin plataâ€, le dice a una de las encargadas. Enrique Rocha Monroy llega con su linda nieta para saludar al “viceâ€. Hablan de libros y Enrique le pregunta: “¿Has leÃdo el libro de Ramón, mi hermano, sobre Antonio José de Sucre?â€. “SÃ, de primeraâ€, le responde Ãlvaro.
En el stand de Don Quijote, separa clásicos como “Ivanhoe†(“lo leà con dibujitosâ€). Y en Yachaywasi arrasa. No por nada es la librerÃa que le surtÃa de libros cuando estaba en la cárcel de Chonchocoro. En la librerÃa El Pasillo, de Carlos Ostermann y Carmen Silva, encarga “La sexualidad en el Perú prehispánico†de Justo Cáceres y “Los pozos del lobo†de Gladis Dávalos. Sin duda, es un lector ecléctico y devorador.
Son casi cerca de los once. Ha pasado por casi la mitad de los 147 stands de la feria, ha comprado o encargado casi 100 libros y el stand de Alfaguara es una parada obligada, pues el escritor mexicano Alberto Ruy Sánchez quiere charlar con el “viceâ€. Los guardaespaldas apuran, la Feria está ya cerrada y Ãlvaro sale casi a la carrera. De repente, los compañeros del stand del Centro Gregoria Apaza le gritan para que vaya. Más regalos para pasar al stand de Escaparate Cultural, donde encuentra novedades. Ya todo está cerrado y apenas hay gente. “Podemos venir mañana por la nocheâ€, le dice a su compañera.
jericoara@yahoo.com
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El libro, como fuerza productiva, simbólica e intelectual, dice Ãlvaro, para luego acordarse de los luchadores: “¿Cuántos han muerto después de leer los libros del Che? ¿Cuántos sindicatos se han organizado tras leer el Manifiesto Comunista? ¿Cuánta gente ha desplegado su vida a partir de lo leÃdo? ¿Cuántos han muerto por los ideales hallados en un libro?â€.